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Liset Díaz López
12 March, 2026
El artículo presenta un diagnóstico certero sobre el riesgo del negacionismo histórico, pero cae en un pesimismo que paraliza más que moviliza. Si bien es cierto que la memoria es frágil y que sectores populares pueden votar contra sus intereses materiales movidos por discursos de odio, la narrativa de "el pueblo se equivocó" termina absolviendo a las élites y al sistema que fabrican esas voluntades. La columna acierta al señalar las contradicciones de la izquierda, pero olvida que el 42% que no votó por Kast también existe y también resiste. El problema no es solo que el pueblo olvide, sino que quienes recuerdan no han encontrado aún cómo traducir esa memoria en organización política efectiva.