Cuba Si
Publicado en Cuba Si (http://www.cubasi.cu)


Claves para mover los límites


Las compañías como Danza Teatro Retazos persisten en la búsqueda de todo lo que para ellas signifique una fuente de aprendizaje y de intercambio. En esa exploración surgen proyectos como Posible-Imposible, una creación conjunta de Retazos y la compañía sueca Memory Wax con coreografía de Miguel Azcue y dramaturgia de Isabel Bustos.


Fue pre-estrenadaen ensayos abiertos en La Habana, se presentó en Cienfuegos, y desde el 21 de marzo hasta el 13 de abril se mostró en las ciudades suecas de Malmo, Lind y Kungsbacka. Este fin  de semana volverá a la sede de Danza Teatro Retazos. La aceptación que ha provocado en el público no es casual. Según Isabel Bustos, Posible-Imposible es espejo del tránsito en que se encuentran constantemente las personas como experiencia de vida, sobre todo en las ciudades europeas.


Los danzantes—al ritmo de una excelente selección musical capaz de transmitir una inquietante sensación de incertidumbre y desasosiego— interactúan entre ellos y con sus propias imágenes: al final del escenario son proyectadas sus acciones, lo que permite al espectador percibir cada actividad aunque se ejecute desde una posición inaccesible a la vista.


La rapidez con que se emprenden las acciones escénicas, lo repetitivo y lo extenso de la puesta, remiten a conflictos que no son nuevos: han sido material primigenio para la creación artística desde que la civilización arribó a la Modernidad. Lo interesante de esta nueva producción es que provoca, ante todo, una reflexión en torno a los límites.


Es la inmovilidad en algunas ocasiones, los movimientos que simulan ser incontrolados o involuntarios, y la simultaneidad de los pasos, lo que alude a la imposibilidad de determinar en qué punto empieza o acaba lo que define, condiciona o emociona a los seres humanos: ¿Dónde concluye la pasión y comienza la lujuria? ¿Cuándo es odio y cuándo solo desprecio o aversión? ¿Qué promueve la agitación: la opresión o la voluntad?


Posible-Imposible habla de lindes que van más allá de los planos emocionales, territoriales y jerárquicos: hace pensar en la frontera que divide lo que alguien es y lo que quiere ser, lo que se busca en el otro y lo que se encuentra, y es un reflejo de cómo la voluntad grupal o social puede llegar a precisar el comportamiento de las personas.


Lo difuso de los límites es una cuestión que también subyace en el plano de la creación: la trama la define el coreógrafo, pero los bailarines improvisan los movimientos; ¿cómo saber cuánto de Memory Wax y cuánto de Retazos está en las tablas? ¿Hasta dónde llega lo que quiso decir el artista y no es la interpretación personalísima de cada espectador la que da el sentido?


Es esta una puesta que no solo se disfruta por sus ejecuciones virtuosas y sus novedosos desplazamientos escénicos: tanto el público como la crítica agradecen estar en presencia de una coreografía que pone en tela de juicio la independencia y la autonomía del comportamiento humano.


Cualquier intento por definir lo sublime del arte es arriesgado, sin embargo, entre los muchos conceptos prefiero el de la comunión. En el caso de la danza el montaje puede gustar o no pero, si es buena, de esa comunión entre el creador, el bailarín y el espectador queda algo: la duda. Y esta obra tiene una latiéndole dentro: ¿mover los límites es posible o imposible?

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