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Leñadores y Leopardos: dinastía verdirroja contra pasión naranja

Leñadores de Las Tunas y Leopardos de Villa Clara abren el próximo miércoles una de las batallas de cuartos de final en la 64 Serie Nacional de Béisbol, un duelo donde chocan dinastía y pasión. 

 El primer acto se escenificará en el estadio Julio Antonio Mella, fortín de un conjunto tunero que no solo dominó la fase clasificatoria, sino que se ha acostumbrado a gobernar el béisbol cubano desde lo más alto. Bicampeones defensores y dueños del mejor balance del torneo, los Leñadores llegan con el peso de los números y la serenidad de quien ha aprendido a ganar cuando el margen de error desaparece.

   Desde aquella plata de 2018, Las Tunas dejó de ser promesa para convertirse en era. Tres títulos y dos bronces cimentaron una identidad forjada primero por Pablo Civil y luego consolidada por Abeicy Pantoja, estrategas de un grupo que funciona como familia y que se ganó, a golpe de bateo, el sobrenombre de La Pesadilla Oriental. No es casualidad: es constancia, trabajo y memoria competitiva.

   En el terreno, los verdirrojos exhiben un arsenal completo. Batearon para .317, segundos del campeonato, fabricaron 527 carreras, lideraron los dobles (144) y escoltaron el listado de jonrones (68). Productivos con hombres en circulación, remolcaron a más del 28 por ciento de los corredores en posición anotadora, una cifra que explica su capacidad para castigar cuando el juego arde.

   El pitcheo, sin ser el más dominante en la fase regular, ha encontrado en el relevo su columna vertebral. Los apagafuegos tuneros fueron segundos en efectividad (3.94) y los más controlados del torneo, un arma decisiva en las postemporadas recientes. A ello se suma una defensa funcional (.970), suficiente para sostener ventajas y cerrar caminos.

   Villa Clara, sin embargo, no llega de invitado dócil. Su principal argumento nace desde el montículo. Los Leopardos firmaron la segunda mejor efectividad colectiva (4.06) y sus abridores, con 3.79, se erigen como un muro capaz de enfriar bates encendidos. A la ofensiva fueron irregulares (.285) y discretos en poder, pero compensaron con paciencia, al recibir 365 bases por bolas, y una defensa situada en la media del campeonato (.968).

   La camiseta naranja pesa. Cinco títulos nacionales, una última corona en 2013 y un recuerdo aún fresco de la final de 2019, perdida precisamente ante Las Tunas, alimentan la memoria competitiva de un conjunto histórico.

   Pero si algo distingue hoy a los Leopardos de Ramón Moré es el momento. Llegan como el equipo más caliente al playoff, tras cerrar el calendario con nueve triunfos consecutivos y una clasificación tan discutida como electrizante. Más allá de contextos y críticas, ese envión emocional los coloca en una frecuencia distinta: juegan sin red, con la adrenalina aún corriendo por las venas.

   Así se anuncia la serie: experiencia contra urgencia, hegemonía contra rebeldía. Las Tunas parte como favorito y domina casi todos los renglones del juego; Villa Clara responde con fe, pitcheo y la convicción de que se puede ganar. En un duelo al mejor de siete, la historia no batea ni lanza: lo hacen los hombres, y la postemporada, otra vez, promete no perdonar.