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Honduras: ¿Regreso al fascismo?

Se quedó solo Luis Redondo y la mayoría del Parlamento que preside en la decisión de recontar los votos, uno por uno, de las más recientes elecciones presidenciales -todo un mar de fraude- que le otorgó una espuria victoria a Nasry “Tito” Asfura, ex alcalde de Tegucigalpa, la capital, quien tenía cargos de lavado de dinero y asociación con el narcotráfico, los cuales fueron hechos desaparecer por su derechista Partido Nacional en la etapa en que era presidente Juan Orlando Hernández, indultado recientemente por Trump, cuando cumplía en Estados Unidos una condena de 45 años de prisión por ser jefe de una red dedicada al tráfico de drogas.

Cuando la presidenta Xiomara Castro avaló la decisión legislativa, “Papi a la orden” -como también se conoce a Asfura- viajó a Estados Unidos, fue recibido por el canciller trumpista, Marco Rubio, quien estrenaba zapatos nuevos -le quedan grandes- obsequiados por el colorado mandatario. Tito regresó a casa con una sonrisa y algún dinerito. con el sufragó las pérdidas de sus parciales en el incendio en un centro comercial, mientras Trump desoía la petición de Xiomara de conversar sobre  los fraudes cometidos en los comicios.

Todo iba encajando en  el complot para complacer a Trump, como que el  otro  candidato derechista Salvador Nasralla dejaba a un lado su protesta y dijera que aspirará otra vez en el 2029, el Consejo Nacional Electoral hiciera caso omiso a que el nuevo recuento tenía validez, porque no había acabado de contar un millón y medio de votos, y surgieran voces de “expertos” que aseguraban que ello iba en contra de lo que señalaba la Constitución -totalmente incierto.

Mientras, ocho gobiernos derechistas latinoamericanos, además del centrista de Guatemala y el Reino Unido, rechazaron el recuento de votos, lo cual también fue respaldado por la Jefatura de las Fuerzas Armadas, que dijo que solo atiende lo declarado por el Consejo Nacional Electoral.

INJERENCIA DESCARADA

Lo cierto es que en estos comicios se rompió el “descarómetro” siempre presente en eventos similares en  Honduras.

Las presiones externas condicionaron la voluntad popular. Tras la votación, el proceso quedó marcado por denuncias de irregularidades, actas sin escrutar y una profunda división institucional sobre la validez de la proclamación presidencial.

Durante el silencio electoral, Donald Trump publicó cinco mensajes en redes sociales instando a votar por Nasry Asfura y a no respaldar a la candidata de Libre, Rixi Moncada, ex secretaria de Defensa. 

Trump llegó a advertir que Asfura era el único candidato con el que EE.UU. podía trabajar y que, de no resultar electo, Honduras enfrentaría consecuencias. Envió más de tres millones de mensajes a teléfonos móviles de ciudadanos hondureños, en los que se advertía que las remesas podrían verse afectadas si ganaba Rixi Moncada. Esto era una forma de intimidación directa al electorado, dado el peso económico que tienen las remesas en la economía hondureña.

Desde su megamansión en Miami, Trump indicó que: “Si Tito Asfura gana la presidencia de Honduras, Estados Unidos le brindará un gran apoyo, ya que tiene tanta confianza en él, en sus políticas y en lo que hará por el gran pueblo hondureño”.

Y agregó que, “si no gana, Estados Unidos no malgastará su dinero, ya que un líder equivocado solo puede traer consecuencias catastróficas a un país, sin importar cuál sea”. No conforme con tanto desparpajo imperial anunció también que indultaría a Hernández, su amigo, al que consideraba injustamente preso, cosa que hizo pocos días después. Hernández, milagrosamente liberado de su condena por “convertir a Honduras en un narcoestado”, según el dictamen de la propia justicia norteamericana, agradeció a “Dios y al presidente Trump”. 

Esto ya alcanzaría para ser un escándalo, aunque se va volviendo costumbre: Trump hizo lo mismo en Argentina con Milei, antes de las elecciones de medio término, pero en Honduras, al igual que la oligarquía que le sirve, hicieron más.

OPOSICIÓN CONSTRUCTIVA A GOBIERNO DE FACTO

El todavía gobernante Partido Libertad y Refundación (LIBRE), de izquierda, dijo este miércoles que el gobierno de Honduras -que a partir del 27 de enero presidirá Nasry 'Tito' Asfura, del conservador Partido Nacional-, será "de facto".

"Declaramos que el próximo gobierno que asumirá el 27 de enero, declarado por el CNE (Consejo Nacional Electoral), es de facto, no es legal, ni tiene legitimidad, es resultado de la injerencia directa de los Estados Unidos y del fraude más escandaloso validado por el CNE y el TJE (Tribunal de Justicia Electoral) que se niega a contar los votos y a resolver las impugnaciones", indicó Libre en un comunicado, recoge EFE.

El coordinador general de LIBRE, el expresidente Manuel Zelaya, quien además es el esposo y principal asesor de la presidenta hondureña, Xiomara Castro, se reunió el martes con la bancada de su partido en el Parlamento para fijar su posición ante la elección de la nueva junta directiva de ese poder del Estado, cuya próxima legislatura será instalada el 25 de enero.

"No avalaremos pactos de un bipartidismo que se alió para el fraude electoral, promueve el retorno a los corruptos fideicomisos, las ZEDE (Zonas Especiales de Desarrollo Económico), la privatización de la ENEE (estatal eléctrica) y de los bienes públicos; y la apología del odio contra nuestra militancia, líderes y colectivos de base", señala el comunicado.

Además, indicaron que asumirán "el liderazgo de una oposición firme, constructiva y combativa" y expresaron su respaldo a la presidenta Xiomara Castro, quien el 27 de enero concluirá su mandato de cuatro años, además de ser la primera mujer hondureña en ser mandataria del país centroamericano.

UN POCO DE HISTORIA

En el 2009, Mel Zelaya, que encabezaba un gobierno progresista, fue derrocado por un golpe de Estado, por hacer una consulta popular para ver si se realizaba una reforma constitucional. Zelaya fue sacado en pijama de la casa presidencial y llevado a la base norteamericana que desde hace décadas opera en Honduras, desde donde fue deportado. La base a la que hacemos referencia es la de Palmerola, una de las más de 800 que EEUU tiene en todo el mundo.

Hay que recordar como costó decirle golpe a un golpe de Estado evidente, notorio. Luego ganó con fraude Juan Orlando Hernández, del derechista Partido Nacional, quien se reeligió, también con fraude, aunque la Constitución hondureña lo prohíbe. En el 2021, Xiomara Castro, con una alianza muy amplia, ganó las elecciones y asumió en el 2022 la presidencia de Honduras, precisamente contra Asfura. 

Hernández fue detenido y extraditado a EE.UU. Allí una Corte lo condenó a 45 años de cárcel por narcotráfico, vinculación con el Cartel de Sinaloa y operaciones conjuntas con el Chapo Guzmán. Pero quien se dice perseguidor del narcotráfico, lo indultó. Trump confesó que ni sabía quién era Hernández. El que lo conocía bien era Marco Rubio.