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La huida de Batista y el amanecer de la Revolución

Imagen tomada de internet

El primero de enero de 1959 marcó un giro irreversible en la historia de Cuba. La huida de Fulgencio Batista, en plena madrugada, simbolizó el derrumbe de un régimen corrupto y entreguista que había hipotecado la soberanía nacional a los intereses de la oligarquía criolla y los magnates foráneos. La noticia de su fuga se propagó, y en cuestión de horas el pueblo comprendió que la victoria de los barbudos, después de grandes sacrificios, era ya un hecho consumado.

Lo ocurrido ese día no fue un relámpago aislado, sino el punto culminante de años de lucha y resistencia popular, con las principales organizaciones revolucionarias a la vanguardia. Desde la época del asalto al cuartel Moncada hasta la campaña en la Sierra Maestra, el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular, con mayores o menores coincidencias tácticas, emprendieron un camino que trascendía la mera sustitución de un gobierno, pues se trataba de refundar la nación sobre bases de justicia social, dignidad y antiimperialismo.

Al difundirse la noticia de la huida de Batista, quien había manipulado los hilos del poder en Cuba durante muchos años, las multitudes de las ciudades se lanzaron a las calles para celebrar el fin de una etapa oscura en la historia, mientras las columnas guerrilleras, que ya controlaban gran parte del territorio nacional, avanzaban hacia La Habana por órdenes de Fidel Castro, principal líder revolucionario.

Asegurada la capital por las fuerzas guerrilleras, con Che Guevara y Camilo Cienfuegos al frente de las tropas insurreccionales, Fidel junto a otros importantes oficiales del Ejército Rebelde emprendieron el camino, a lo largo de la Isla, de la que pasaría a la historia como Caravana de la Libertad. Desde Santiago de Cuba hasta La Habana, ese periplo se convirtió en un acto fundacional cargado de simbolismo: era el pueblo acompañando a los nuevos líderes, reconociéndose en ellos y en la promesa de un futuro distinto al de otros amaneceres.

Más allá de la derrota de la tiranía, con la victoria revolucionaria irrumpió en la nación  un proyecto político que convirtió a Cuba en un referente de dignidad para los pueblos de América Latina y el Caribe. Poco a poco se materializó el anhelo postergado de la soberanía y el camino propio, en desafío a la hegemonía estadounidense. Aquel enero permanece como un hito que invita a pensar cómo los pueblos pueden transformar su destino cuando deciden tomarlo en sus manos.