Cuba Si
Publicado en Cuba Si (http://www.cubasi.cu)


Supremacismo floreciente en USA

“La gente nos mira y solo ve fanáticos y racistas. El odio no es algo con lo que se nace. Se enseña. (…) A los siete años, te lo dicen suficientes veces, lo crees. Crees en el odio. Lo vives, lo respiras. Te casas con él.” Así lo expresa Mahalia Jackson en Take my hand.

Odio que no ha dejado de crecer en ese falso paradigma de democracia, en la cúspide de la cual se halla un supremacista por excelencia, aunque trate de ocultarlo con otras felonías.

Ingenuamente, una gente muy querida me dice que no hay racismo ni ha visto negros en Georgia, el estado que tiene un melocotón en su bandera, y le replico que es que los mataron a todos.

Georgia tiene el triste récord de que allí fueron colgados o incinerados -o ambas torturas a la vez-la mitad de los asesinados por los racistas, un número que oscila entre 4 000 y 8 000.

Muertes que “florecieron” y aumentaron considerablemente a partir del 24 de diciembre de 1865 en el pueblo de Pulasky, en Tennesse, con una de las organizaciones terroristas más famosas del mundo: el Ku Klux Klan, el cual fue conformado inicialmente por ex combatientes del ejército confederado, los sudistas en la Guerra de Secesión (1861-65). Este grupo tomó ese nombre por la onomatopeya del sonido de una carabina al armarse: Ku KIux KIan.

La creación del Klan fue una respuesta a las ideas avanzadas de los yanquis, los nordistas en aquel conflicto bélico civil, que abolieron la esclavitud y dieron algunas libertades a los afroamericanos. Con la idea de combatir esas ideas "subversivas", los klansmen (hombres del Klan) se agruparon en torno al ideal del concepto del WASP, White Anglo Saxon Parliant; es decir, Protestante Blanco Anglo Parlante. En definitiva, consideraban que cualquiera que no fuera un WASP era indigno de vivir en Estados Unidos. En una doctrina muy semejante a la nazi, proclamaban que ellos eran la raza "suprema" (de ahí el mote de supremacistas blancos) y que todos los extranjeros atentaban contra la pureza de sus costumbres.

De hecho, en su declaración de principios señalaban que "se debe creer en los mandamientos de la religión cristiana, la mantención de la supremacía blanca, la práctica de la honorabilidad y los principios del americanismo puro".

Pese a que en sus inicios se trataba de un montón de gente resentida sin mayores componentes ideológicos, pronto encontraron un acomodo teológico que les permitió entregar mayor sustento a sus creencias en el pensamiento de Edward Hine, que en 1871 dio a conocer su tesis sobre el "anglo israelismo", quien suponía que los ingleses eran los verdaderos descendientes de dos de las diez tribus perdidas de Israel -por lo tanto, ese es el pueblo elegido-, mientras que los judíos son en realidad Los "Ashkenazirn", o descendientes de la semilla plantada por Satán en Eva.

THANKSGIVING DAY, UNA BURLA

Hine precisa que los tripulantes del Mayflower, el primer buque de puritanos que arribó a Estados Unidos el cuarto jueves del mes de noviembre de 1620, estaba lleno de descendientes de Mannaseh, a los cuales Dios les habría entregado documentos "sagrados" como la Constitución, la declaración de independencia y otros. Estas creencias dieron nacimiento definitivo a lo que se llama "Christian Identity" o "identidad cristiana", ideología que cree que, siendo ellos los hijos de Dios, "los malos de la película" son los falsos hijos de Dios; es decir, todos los demás, especialmente los judíos, a los cuales acusan de reproducirse interracialmente y vulnerar la ley divina. 
Así, al puritanismo, egocentría y odio a los demás, añadieron un antisemitismo desbocado, que los llevó a creer que los judíos controlan todos los eventos del mundo.

Estas teorías se vieron reforzadas por la publicación, en 1890, del libro de Charles Carroll "El negro, una bestia", quien planteó que los afroamericanos "carecían de alma”.

Como distintivos los hombres del Klan adoptaron el uso de siniestras capuchas blancas y empezaron a quemar cruces afuera de los hogares de sus víctimas. Pese a que fueron prohibidos federalmente en 1871, continuaron actuando con gran fuerza en los años venideros, amparados en las legislaciones locales de la mayoría de los estados blancos que garantizaban su impunidad y se negaban a conceder sus derechos a los afroamericanos.

A principios del 1900 eran la mayor fuerza política del sur y contaban con varios diputados y senadores, al tiempo que sus políticas de exterminio arreciaban. Sólo en 1919 se atribuyeron 89 homicidios al clan.

Para tener una idea de su poder, en 1923 tenían 200 mil miembros sólo en Nueva York y planteaban que EE.UU. tenía 50 millones de "indeseables", compuestos por 20 millones de extranjeros, 16 millones de católicos, 10 millones de afroamericanos y 4 millones de judíos.

El declive de su poderío estuvo marcado por el escándalo que afectó al "gran dragón de Indiana" (máximo puesto que alguien podía ocupar en el grupo), quien violó a una mujer que resultó ser una activista de los Derechos Civiles. 
Tras un largo juicio en el cual varios testigos murieron misteriosamente, el "gran dragón" fue condenado a tres años de cárcel, lo que le restó mucho apoyo al KIan, subdividiéndose además en una serie de facciones.

RESURGIMIENTO

Pero el movimiento resurgió, se fortaleció y hoy constituye una base firme del actual gobierno de Donald Trump.
Las ideas supremacistas blancas, antes relegadas a los márgenes de la sociedad estadounidense, se han infiltrado cada vez más en los espacios políticos y culturales dominantes, moldeando debates, influyendo en las políticas y alimentando la polarización.

Pero ¿cómo han ganado legitimidad las ideas extremistas y excluyentes en la política, la religión y la vida pública estadounidenses? 

Sanford F. Schram, profesor adjunto de Ciencias Políticas en la Universidad de Stony Brook (SUNY) y coautor de Hard White: The Mainstreaming of Racism in American Politics, dijo que la causa inmediata fue la elección del primer presidente no blanco en la historia de Estados Unidos, Barack Obama, pero el nacionalismo blanco ya venía ganando terreno en la política convencional.

John Gans destaca en su libro “When the Clock Break”, que figuras como Pat Buchanan, durante la era Reagan, comenzaron a influir en el Partido Republicano con una versión edulcorada de lo que el líder del Ku Klux Klan, David Duke, había estado promoviendo. 

Finalmente, surgió el Tea Party como reacción a Obama, y ​​Trump llevó esta ideología hasta la Casa Blanca, en una creciente ola de resentimiento racial, especialmente en lo que respecta a la inmigración. 

Ahora, la nueva generación de jóvenes, sobre todo en internet y en redes sociales como Twitter, difunde memes neonazis como si fuera lo más moderno”.
 
El nacionalismo blanco tiene una larga historia, pero se ha vuelto más frecuente en la política convencional durante la era Trump. 

Heath Druzin, periodista y presentador del podcast Extremely American, cubre la normalización de los movimientos extremistas y paramilitares, así como el nacionalismo cristiano, dijo que en los rincones más oscuros de internet, hay una cantidad alarmante de personas que sienten cierta simpatía por Hitler en este momento, y que no tienen ningún problema en decirlo abiertamente.

“ Hemos pasado de un meme que decía algo así como “todo lo que no me gusta es Hitler”, burlándose de la gente por comparar cosas que no les gustaban con Hitler, a pensar: “Oye, quizá Hitler no esté mal”. 

Dijo que eso demuestra hasta qué punto se ha intensificado esta normalización, y recordó cuando en el 2015, Trump dijo que los inmigrantes traían drogas, delincuencia, eran violadores, y algunos, suponía, eran buenas personas.
“Ese tipo de discurso en política se ha vuelto mucho más aceptable. Las redes sociales también tienen mucho que ver, porque mucha gente empieza a decir cosas que no dirían cara a cara o en público. Reciben mucha aprobación en línea porque pueden ser anónimos y no tienen que lidiar con las reacciones negativas en persona”.

Matthew D. Taylor, doctor, investigador del Institute for Islamic, Christian and Jewish Studies (ICJS); autor del libro The Violent take it by Force (Los Violentos toman por la fuerza) dijo que uno de los cambios más significativos de los últimos diez años, a partir de la primera campaña de Trump en 2015, es la incorporación de un nuevo grupo de actores cristianos radicales a estos movimientos:

“La forma de cristianismo de mayor crecimiento y dinamismo, tanto en Estados Unidos como en el mundo, se da en la intersección de la gobernanza no denominacional. Es decir, una supervisión y regulación mínimas, combinadas con la espiritualidad carismática”. 

Explicó que cuando hablamos de carismático en el contexto cristiano, no nos referimos a una personalidad magnética, sino a la conexión con dimensiones sobrenaturales de la experiencia, intentando recuperar lo que entienden como el espíritu sobrenatural de la iglesia primitiva. 

“Así pues, podemos considerar esto como una especie de ala no denominacional del pentecostalismo que crece a pasos agigantados por todo el mundo, con un crecimiento muy rápido en Estados Unidos”. 

TRUMP, ¿UN MESÍAS?

Observó que Trump ha logrado, de manera singular, integrar a esta coalición en los círculos más amplios de la extrema derecha, afirmó a Los Angeles Times. 

“Esta coalición, si bien es multiétnica, también alberga muchas ideas de supremacía cristiana, muchas narrativas antiguas que han construido una especie de mitología que ha unido a la derecha en torno a la idea de Trump como una especie de cuasi Mesías que viene a liberar a Estados Unidos y, en algunos casos, a Israel, y a reconfigurar el orden mundial”.

Observó que estas narrativas han activado a la coalición MAGA (Hacer América Grande otra Vez) de una manera muy particular, tanto en sus vertientes más racistas como en las más supremacistas cristianas, y se entrelazan estas ideas en la política actual.

En un informe del 2022, documentaron a 875 legisladores estatales que se habían unido a uno o más grupos de extrema derecha. “Abarca desde grupos paramilitares y negacionistas del COVID hasta organizaciones antisemitas y organizaciones inspiradas en QAnon”.

Esto tiene consecuencias cuando los legisladores estatales dan su visto bueno a estos grupos; y al hacerse miembros por un lado, facilitan que ideas que antes estaban relegadas a los márgenes se incorporen directamente al debate público y se conviertan en políticas públicas.

Lo que es más, Los Angeles Times puntualizó que un análisis del 2024 descubrió que casi 1 000 legisladores estatales se unirían a esos grupos.