
Haciendo honor a aquel programa icónico de la televisión cubana queremos abordar algunos aspectos que nos han llamado la atención en estas primeras jornadas de la 64 Serie Nacional de Béisbol, y que no tienen que ver directamente con resultados ni tablas de posiciones.
Lo primero es el llamado reiterado a la disciplina, porque ya hemos tenido varios casos de respuestas desproporcionadas ante supuestos errores arbitrales.
Esto último queda casi siempre en el campo de la apreciación, y como en definitiva se trata de seres humanos, hay que controlar las emociones aunque se trate de lances importantes en un determinado desafío, porque la violencia no puede adueñarse de nuestros estadios.
Esto después de todo es un juego, y no puede transformase en un ring de boxeo, por eso desde los cuerpos de dirección tiene que manar la calma, para que los muchachos, la mayoría inexpertos, no pierdan los nervios.
Sucedió con el joven lanzador guantanamero que lanzó un guantazo a un árbitro (luego pidió perdón como corresponde), y sobre todo por una riña colectiva que apenas una semana después convirtió el partido entre Leñadores de Las Tunas y Piratas de la Isla de la Juventud en el estadio Julio Antonio Mella en una batalla campal.
Aquí el detonante fueron también los pelotazos intencionales, y si bien los imparciales pudieron haber tomado medidas antes, son muestras de guapería barata que parten desde los propios altos mandos de cada plantel.
Que nadie me venga con códigos no escritos ni justificaciones baratas: lanzar un pelotazo intencionadamente, además de poner en riesgo la salud de un pelotero, es un acto de venganza fría que no se corresponde con la reacción en caliente que pudiera esgrimirse como justificante.
Son situaciones que se amplifican desde todas partes y se utilizan para denigrar no solo a la pelota cubana, sino a la sociedad en general, por eso es imprescindible reforzar la formación de valores, desde el respeto al rival y a las decisiones arbitrales hasta la manera de mostrar desacuerdo, que hay muchas, y ninguna tiene que llegar a la violencia.
Otro punto bien negativo en estos inicios es el empleo de jugadores impropios, algo inconcebible a este nivel, ni a ninguno que se considere serio. Al menos en tres partidos, y con diferentes responsables, se vieron estos despistes que cuestan victorias y a la larga pueden terminar en la eliminación de un equipo.
No me cabe en la cabeza que un cuerpo de dirección, que ha recibido disímiles cursos de preparación y lleva años en el pasatiempo de las bolas y los strikes, no sea capaz de llevar adecuadamente el conteo de lanzamientos, que limita la actuación de sus serpentineros.
Si el límite es 30 envíos y a usted le da 29, vaya a contrastar el dato con el delegado del encuentro. Son bastante amplios los colectivos de dirección como para que ocurran estos errores inconcebibles hasta en la pelota infantil.
Valga el llamado sobre ambos puntos oscuros de estos inicios, y ojalá no se repitan.