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Rossi: de lo humano a lo divino

La carrera futbolística del italiano Paolo Rossi puede decirse que pasó de lo humano a lo divino, con no pocas idas y vueltas entre ambas.

Lo primero que debe decirse es que cuando apenas era un chico en la localidad de Santa Lucía, de la Toscaza italiana, no pensaba en alinear en la delantera. Jugó  hasta los 11 años en la Cattolica Virtus de Florencia, una pequeña sociedad toscaza, pero solamente como diversión Paolo, junto con su hermano Rossano, jugaba de delantero.

El ídolo de su infancia fue el extremo sueco del Fiorentina Kurt Hamrin, apodado "Pajarito", al que veía jugar en los 60, y se sintió en el cielo cuando lo fichó la Juventus, aunque las lesiones hicieron que lo cedieran.

Con su primer equipo, el Como Calcio, debutó en la campaña 1975-1976, pero solamente jugó seis partidos, sin poder celebrar ningún gol, pero pasó enseguida al Vicenza, donde sí comenzó a mostrar su terrible olfato pese a tampoco arrancar en esa posición, porque era colocado en los extremos.

El entrenador del Vicenza, Giambattista Fabri, decidió ponerlo como delantero centro debido a las lesiones que sufría el delantero titular, y Rossi no pudo responder mejor, ya que en su primera temporada ganó la Bota de Oro de la Serie B italiana (21 goles), donde comenzó a mostrar sus dotes de cazagoles. Con una altura de 1.77 metros y 66 kilogramos de peso, no era un jugador de imponente físico, pero siempre estaba en el lugar preciso.

Gracias a su rendimiento, el Vicenza ascendió a la Serie A, donde el matador con cara de ángel mantuvo su paso, al marcar 24 goles y finalizar como líder ofensivo, en un subcampeonato inédito para su plantel. Así se convirtió en el primer futbolista capaz de finalizar como líder goleador en las dos divisiones de manera consecutiva.

A fines de 1977, el director técnico italiano, Enzo Bearzot, vio sus formidables cualidades y a pesar de no haber jugado las eliminatorias, Rossi, con apenas 21 años, recibió su primer llamado a la selección Azzurri y fue convocado para el Mundial de Argentina-1978, ya con la Nazionale clasificada.

En el certamen del orbe fue la figura de los suyos, gracias a su habilidad, rapidez y ambición, con tres goles y dos asistencias en una gran dupla de ataque con Roberto Bettega, que llevó a Italia hasta semifinales. Su desempeño individual le valió para ser escogido en el Equipo Ideal del torneo, y su futuro se vislumbraba brillante con Italia...hasta que llegó el Escándalo denominado “Totonero”.

En 1979 el Vicenza volvió al descenso, y Rossi fue vendido por tres millones de dólares al Nápoles pero se negó a sumarse al conjunto napolitano y en cambio firmó con el Peruggia, pero unos meses más tarde estalló el mencionado escándalo, que envolvió a varios futbolistas en acusaciones de apuestas ilegales.

El detonante fue un desafío que empató Peruggia 2-2 con el modesto Avellino, en el cual Rossi marcó los dos tantos de los suyos, el 30 de diciembre de 1978. Un jugador rival le había preguntado antes del choque “¿2-2?”, y él con inocencia respondió: “Si quieren...”.

Al año siguiente, tras una investigación, se acusó y condenó a Rossi y a otros jugadores por haber amañado el partido por unos ocho millones de liras. Como resultado de un fenómeno mayor, clubes emblemáticos como el AC Milán y el SS Lazio fueron descendidos a la Serie B, y Rossi fue inhabilitado por dos años de la práctica del fútbol profesional, aunque siempre defendió su inocencia y afirmaba ser víctima de una conjura contra él. Inicialmente el castigo era de tres años, pero quedó en dos finalmente. Lo cierto es que con 22 años, su carrera corría el serio peligro de morir bien temprano.

“De pronto el universo, donde me habían visto como un héroe, se volteó en mi contra, apuñaleándome en la espalda con un erróneo y cobarde juicio”, escribió en su autobiografía el que era en se momento el futbolistas más caro de Italia. El castigo implicaba que se perdería la Eurocopa que acogería su propio país a mediados de 1980.

La sanción que pesaba en su contra no expiró sino hasta el 29 de abril de 1982, poco antes del Mundial de España, y aunque se criticó su falta de forma física (tenía cinco kilos por debajo de su peso habitual), Bearzot creía ciegamente en él y en su olfato goleador, y lo convocó nuevamente ante la falta de Bettega.

“Sabía que si Rossi no estaba en España, no tendría a ningún jugador oportunista en el área. En esa zona era realmente bueno, rápido, siempre listo para hacer la finta adecuada”, explicaría más tarde el emblemático entrenador italiano, artífice del catenaccio.

Sin embargo, cuatro partidos habían transcurrido y todavía “Pablito” no mojaba, pero estaba por llegar su resurrección, precisamente cuando más se necesitaba.

La prensa italiana afirmaba que Rossi parecía un fantasma sobre el campo de juego, y se venía el duelo contra el mejor equipo del torneo hasta ese momento, Brasil, al que le bastaba con el empate para avanzar a semifinales.

Un hat-trick monumental contra el favorito y poderoso conjunto de Sócrates, Zico, Falcão y Eder, acalló de inmediato las críticas. Considerado uno de los mejores partidos de la historia de las Copa del Mundo, tuvo como protagonista excepcional al goleador implacable, que luego del 3-2 final relanzó las expectativas de los tifosi. La prensa local lo apodó El Matador del Rey.

Aquello fue como una reacción en cadena, porque en semifinales un doblete suyo sirvió para eliminar a la dura y efectiva Polonia por 2-0, y en la gran final, el que siempre estaba en el lugar adecuado en el momento exacto abrió el marcador de cabeza en el 3-1 que Italia le endosó a Alemania Federal para ganar el título y ser el goleador del torneo, con seis goles, todos anotados a partir de los cuartos de final.

La Gloria cayó rendida finalmente a sus pies, y ese mismo año fue elegido Balón de Oro, con 115 puntos de 130 posibles. Como pocas veces en la historia, el campeón llegó a la cima gracias al talento de un sólo futbolista.

En 1986 sería convocado para jugar en el Mundial de México, pero no pudo jugar ningún partido debido a una lesión y tras la justa planetaria fichó por el Hellas Verona, donde se retiró en 1987 con solamente 31 años y harto de las lesiones.

En 2007 le fue concedido el premio Golden Foot como Leyenda de todos los tiempos, un galardón que no se le da a cualquiera. Bastaría decir que solamente Garrincha y Mario Kempes pueden presumir de haber ganado el Balón de Oro, el Botín de Oro y el título en un mismo Mundial.

Así de inmortal se graduó Rossi, con apenas un Mundial brillante, a quien se le comparó muchas veces con el inolvidable torpedo alemán Gerd Müller, pero una historia novelesca. En el fútbol, para ser Héroe en la Patria no hay un solo camino, incluso se puede partir siendo símbolo de la corrupción.