Sería injusto no situar a Osvaldo Suárez en la gloria del Deporte Rey

Sería injusto no situar a Osvaldo Suárez en la gloria del Deporte Rey
Fecha de publicación: 
19 Octubre 2023
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Castigar con el olvido a quien merece respeto, incluso amor, es un crimen. No trasladar estos sentimientos a las nuevas generaciones, sobre todo a quienes no vivieron en la etapa de los soslayados, atenta contra la historia. Y un pueblo desmemoriado es un pueblo desleal, débil, perdido. Sin ir a las raíces y a partir de ellas seguir la marcha, se dificulta más que el éxito, la felicidad. Y siempre hay que obrar con apego a la verdad duélale a quien le duela.

Eso no significa aferrarse a los caminos anteriores por bueno que hayan sido: continuidad incluye rupturas o el dogmatismo nos ingiere. Se trata de mantener la esencia adaptada a la actualidad. Como entraré posteriormente al sector competitivo de la cultura física, extraeré un ejemplo de allí. Con el salto alto de ahora, el de Fosbury, se niega dialécticamente el estilo usado por Valeri Brúmel: mucho de los fundamentos, aun de más atrás, se tienen en cuenta para el desarrollo de las nuevas técnicas. Es la misma ley de gravedad, pero se deben aplicar los adelantos científicos para poder alcanzar alturas superiores. ¿Acaso algo tan serio como el avance de la labor en el cosmos puede dar la espalda a dicha realidad?

Vamos a entrar en lo atlético. El corredor argentino Osvaldo Suárez (17-3-1934;16-2-2018) refulgió en los Juegos Panamericanos. En la segunda edición de la justa, Ciudad de México 1955, triunfó en los 5 000 y 10 000 metros con tiempo de 15:30.6 y 32:42.6. Resistencia de acero, zancadas magníficas. Cuatro años después, en el tercer clásico de este tipo, escenificado en Chicago, venció en la segunda distancia (30:17.2) y finalizó en el puesto plateado en la primera (14.28.6) solo superado por el estadounidense William Delinger con 14: 28.4. Se sintió muy fuerte para San Paulo 1963.Demostró estarlo: reinó en los 5 000 al recorrerlos en 14: 25.8 y terminó segundo en los 10 000 con 30: 26.7, únicamente por debajo de Peter McArdie (Usa): 29: 52.1.

Debió enfrentar a destacados rivales, muchos de ellos con mejor atención, los norteamericanos especialmente. Uno de sus vencedores, Delinger, ya un veterano, obtuvo el bronce de los 5 000 en la cita olímpica de Tokio 1964 con 13:49.8. Envío al lugar de plata en los 5 000 de 1955 a Horace Ashenfelter (Usa) as de los los 3 000 con obstáculos en Helsinki 1952 (8:45.4). Al escribir sobre Osvaldo, el periodista cubano Enrique Montesinos en su libro Colosos del atletismo (Editorial Deportes, 2003) lo ubica entre ellos, a pesar de no sobresalir el gaucho en la esfera olímpica.

“Osvaldo Suárez hizo época como fondista desde los Juegos de Ciudad de México 1955, cuando nadie pudo adelantársele en 5 000 y 10 000 metros planos, distancias en las que sumó oro y plata en Chicago -59 y Sao Paulo-63, hasta llegar a un total de 6 (4-2-0), semejante al del bólido cubano Leandro Peñalver, pero con mayor calidad, pues éste obtuvo solo dos de oro y cuatro de plata”.

Al investigar acerca de la vida de Osvaldo, uno encuentra respuesta parcial, al menos, a esa falta de algún logro en el torneo rescatado por el francés Pierre de Coubertin. El nuevo gobierno, mal titulado de la Revolución Liberadora, lo sancionó separándolo por más de 14 meses del panorama del músculo, aduciendo que había sido un privilegiado de la administración anterior pues recibió premios de ella y le había permitido ilegalidades. La falacia de los golpistas en acción: lo señaló en una de las últimas entrevistas que le hicieron: "Me acusaron de peronista y me proscribieron. La Revolución Liberadora destrozó mi carrer". Herida principal: prohibirle concurrir a los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956.

La víctima se codeaba entre los grandes fondistas en el momento de la negación, y sufrió persecuciones e intentos de borrar sus victorias de las acumuladas por su patria en las contiendas atléticas. Al interventor de la dirección del ámbito, el general Fernando Huergo, no le importaba la facilidad con la que aquel hombre de 22 años de edad quebraba récords, a quien los expertos lo consideraran, a partir de bases sólidas, entre los favoritos en la dura prueba de maratón de la XIX magna cita. Por cierto, ganada aquella por un argelino quien representó a los colonialistas franceses que hacían sufrir al país de nacimiento del titular, donde sus mejores hijos e hijas luchaban por romper las ataduras: Alain Mimoun. ¡Qué medalla tan manchada!

No había exageración ni chovinismo en esa opinión de los entendidos: a Suárez le habían cronometrado varias veces durante esa etapa hasta menos de lo logrado por la Locomotora Humana, el checoslovaco Emil Zatopek, en Helsinki 1952 y el paisano de Osvaldo, Delfo Cabrera, al imponerse en Londres 1948, con 2. 23:04 y 2.24:52 respectivamente. El árabe robado por los galos hizo 2. 25:00.

Triste por la felonía sufrida, derrumbados sus sueños, tuvo gran apoyo en Teresa, su mamá, y la novia, Emma Durán; sería después su esposa. Al calor de sus consejos, contraofensiva: convenció a varios de sus fieles colegas de dejarlo intentar romper la marca nacional en las dos millas. Lo obtuvo, y la alegría impresionante del pueblo y la mediática ante la hazaña intimidaron a los reaccionarios. Pudo contender en Roma 1960, con menor atención de quienes deberían darla de ser seres humanos verdaderos. Aparte, como expresó: “la tropelía ya estaba hecha y yo ya no era el mismo”.

Cuando sus condiciones eran mejores, resultó defenestrado. Sin embargo, en la capital romana se batió duro. Por algún tiempo ocupó el segundo sitio, mas cometió el error de no ingerir suficiente agua y, después, atacado por la deshidratación, tomar demasiada con avidez: sus fuerzas mermaron. A pesar de dolores intensos de estómago, el bajón de la potencia de las piernas, levantó y, de haber caído por debajo del puesto 25, terminó en un digno noveno lugar en aquella histórica carrera donde Abebe Bikila corriendo descalzo se coronó con 2. 15:17.

Después de su despedida del deporte activo, entrenador. No olvidaba el secuestro y el posterior asesinato de su pupilo, el fondista Manuel Sánchez, perpetrados por la nueva tiranía en 1978. De su pupilo esperaba mucho. “Me lo volvieron a hacer y peor: con mayor tristeza”. Entre sus triunfos y condecoraciones: tres victorias (1958, 59 y 60) y un subtítulo (57) en la famosa carrera de San Silvestre. As en numerosas oportunidades en los certámenes sudamericanos e iberoamericanos en 5 000 y 10 000. Su admirable quehacer en los Panamericanos. Seleccionado varias veces como el deportista más destacado del año en su patria Poseedor de la trascendental Olimpia de Oro en 1958 y la del bicenternario.   Escogido por rigurosos organismos de su nación como uno de los cinco mejores deportistas argentinos de todos los tiempos. Osvaldo Suárez tiene un sitio importante en la gloria del deporte, sobre todo en Nuestra América.

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