Juan Orol, entre música, damas y bandidos

Juan Orol, entre música, damas y bandidos
Fecha de publicación: 
9 Diciembre 2023
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Como realizador de numerosos filmes, Juan Orol ignoró la gramática cinematográfica y, más aún, abrazó lo kitsch sin saber con propiedad lo que significaba. A este actor, productor y guionista lo que más le interesó siempre fue el éxito taquillero.

No tuvo urgencias estéticas, tal vez, sí el deseo de bucear en los mares de la cursilería. Gozó las tramas de películas que condicionó a su manera de recrear diferentes mundos en los que la mujer fue en muchas ocasiones eje central. Se trata sobre todo de personajes femeninos que van sucumbiendo en un medio hostil; las más insospechadas circunstancias las victimizan: unas, al final, logran vencer, otras... Es un cine de buenos y malos, con todo tipo de los prejuicios de una época. Los espectadores pasan por momentos agónicos igual que la protagonista. Lloran y se desesperan con ella cuando trata de salir a flote. Esa dramaturgia que apela a la sensiblería dio real resultado: en esa etapa reinó mucho  lo peor del melodrama.
 
También Orol se inclinó por el cine negro, desde una perspectiva de cierta manera apoyada en su propia experiencia personal: no olvidemos que fue detective en España y México. Llevó a la pantalla varios largometrajes con ese tema. El público no solo respondió con su masiva presencia en las salas cinematográficas del país, sino que los críticos seleccionaron, por ejemplo, a Gángsters contra  charros, entre los cien filmes más importantes de la cinematografía mexicana. Cine de culto que aún exhiben algunas cinematecas.    

No se limitó a la hora de escoger sus tópicos; por eso, podemos encontrar la infinita belleza de una mujer de Oriente, hombres sin alma, secretarias peligrosas, amores salvajes, una diosa de Tahití, el gansterismo en el deporte, y hasta el infierno de los pobres.

Su cine reunió a grandes estrellas, y, sobre todo, a las rumberas de la época como María Antonieta Pons y Rosa Carmina, cuyas carreras inició en el celuloide y con quienes estuvo casado.

Su nombre verdadero: Juan Rogelio García García, nacido el 4 de agosto de 1897 en Lalín, Pontevedra, España. Director de cine, actor, productor y guionista se le conoció también como Rey del cine negro mexicano, El surrealista involuntario y Rey del churro.

Para vivir ejerció múltiples oficios: boxeador, jugador de béisbol, piloto de carreras, mecánico, actor de teatro, periodista, agente de policía y hasta torero conocido como Espartero o Esparterito. Todas estas ocupaciones le sirvieron a la hora de crear tramas y personajes.
 
Al establecerse en México fue agente de la policía, y allí tuvo la oportunidad de conocer las situaciones escabrosas de la marginalidad que trasladó a la pantalla durante su aventura cinematográfica.

En el país azteca se desempeñó como director artístico y publicista de la radio, lo que le valió luego en la naciente industria del cine de la que fue uno de sus pioneros.

En 1927 debutó como director en el filme silente El sendero gris junto al realizador Jesús Cárdenas. Posteriormente, lo veremos como actor secundario en la cinta Sagrario, 1935, dirigida por el cubano Ramón Peón. Con este realizador repite en la cinta ¿Mujeres sin alma, venganza suprema? de gran éxito de taquilla. Orol pone parte de su capital en la producción de este largometraje en el que se estrena como productor, guionista y actor de la nueva compañía Aspa Films.

Su tercera cinta es Madre querida, 1935, que llenó las salas de cine de un público ávido de lo melodramático. Tres años después realiza para el cine cubano el largometraje Siboney que incluye la música de grandes compositores como Ernesto Lecuona, Eduardo Sánchez de Fuentes y Rodrigo Prats. En esta cinta se estrena como actriz y bailarina María Antonieta Pons, luego iniciadora del cine de rumbera.  

En 1940 ya él había fundado la casa productora Caribe Filmes con creaciones en Puerto Rico, Estados Unidos y España.

Su segunda musa fue otra cubana: Rosa Carmina Riverón con quien llegó a realizar 16 cintas. Con ella rueda uno de sus filmes más entretenidos El reino de los gángsters de 1947, donde dio vida a Johnny Carmenta.

Con Rosa Carmina llevó al celuloide la trilogía fílmica Percal, adaptación de una acreditada historieta del mexicano José J. Cruz, que abarcó los filmes El infierno de los pobres, Perdición de mujeres y Hombres sin alma. Durante un buen tiempo el público mexicano hizo colas en los cines para ver estas producciones.

Luego del divorcio con Rosa Carmina, su nueva diva fue Mary Esquivel, protagonista de varias cintas como Zonga, el ángel diabólico, rodada por Orol en 1948.

Aunque acuñó un estilo, el director de una sola toma como se le denominó fue muy cuestionado por la pobreza argumental y técnica de sus películas. Para él, los efectos especiales no tenían significación alguna; de ahí las incongruencias de muchos de sus filmes. En Zonga, el ángel diabólico que se desarrolla en la selva amazónica se puede apreciar en el fondo un monumento al patriota Simón Bolívar.

Ante una situación límite, al caricaturista Trino, de Guadalajara, dueño de un humor ácido, se le ocurrió decir: “La vida es peor que una película de Juan Orol”. De esa manera calificaba el singular historietista, la trayectoria del realizador por las cinematografías españolas, cubanas y mexicanas.

El controvertido director tuvo como última musa a la actriz y bailarina mexicana Dinorah Judith, quien lo acompañó desde 1964 hasta los días de su muerte.

Se le rindió homenaje en 2012 con  el filme El fantástico mundo de Juan Orol, interpretado por el actor mexicano Roberto Sosa. Orol falleció en Ciudad de México el 26 de mayo de 1988. Actuó en 29 películas, escribió 30, produjo 36 y dirigió 47 filmes a lo largo de su carrera.

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