DE LA HISTORIA OLÍMPICA: Persistencia, desquite, brillo, rumores olímpicos

DE LA HISTORIA OLÍMPICA: Persistencia, desquite, brillo, rumores olímpicos
Fecha de publicación: 
13 Marzo 2024
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Estatua en homenaje a Gert Frediksoon, kayakista sueco.

Londres 1948, los Juegos Olímpicos renacen después del receso impuesto por la Segunda Guerra Mundial. La capital inglesa todavía muestra las heridas causadas por la conflagración. No hay grandes recursos. Muchos llaman a la lid la Olimpiada del Hambre. Son tantas las vicisitudes con el alimento, el albergue, el transporte... Pero el olimpismo es sólido. Y la gran fiesta se da.

A pesar de las dificultades, los participantes están contentos. Prefiero ir a deportes menos conocidos, donde la alegría y la tristeza, la heroicidad y el batallar están presentes también. Que me perdonen el boxeo, la lucha, la natación, el atletismo. Con los canonístas estoy en este renacer. Pues festejemos con ellos.

El entusiasmo de este joven kayakista sueco es envolvente. Se llama Gert Frediksoon. Duros rivales lo esperan según los entendidos. El muchacho los doblega en los combates individuales en 10 000 y 1 000 metros. Son sus primeras medallas doradas en el clásico supremo. Vendrán más, muchas más, en próximos combates olímpicos. Gert se ha montado sobre el kayak de la persistencia. Ya verán. Helsinki 1952. Ahora viene de favorito en los mil. No hace quedar mal a los entendidos. Plata en las individuales de los 10 000. En Melbourne 1956, campeón en ambas distancias.

Se siente bien para Roma 1960. Algunos descreídos siembran sus dudas: que si viejo, que si cansado, ya no es el mismo, hay que dar chance a los más jóvenes. Mas está en la representación de su país: se bate en el k2 a 1 000. ¡Y logra su séptima medalla de oro! Hay espacio en su pecho para el bronce en el k1 a 1 000, prueba en el que no pocos lo consideran el mejor de todos los tiempos. En su hoja de servicios al olimpismo junta 7-1-1, entre personales y colectivos.

De Helsinki 1952 a Tokio 1964 el luchador Polyak emula en persistencia con Gert. El joven húngaro Imre Polyak llega a la final del peso pluma de la especialidad grecorromana en el concurso de la capital de Finlandia. Su oponente, el soviético Pounkine, le derriba sus sueños. Al magyar muchos le han colocado la etiqueta de favorito en Melbourne 1956. Le va bien, ya está en la pelea decisiva. El finlandés Makinen le arranca el sello.

Roma 1960. Vuelve a combatir en la finalísima. Va delante, se acerca a la corona. ¡De madre, un error, un pequeño error! El turco Sille aprovecha la falla. A Imre el cetro se le aleja volando. De nuevo debe conformarse con el segundo puesto. “¿Conformarme...? Iré por la medalla de oro a Tokio en 1964”, declara a un periodista.  

Aunque algunas voces se pronunciaron en contra de llevarlo a Japón: es un segundo eterno, es demasiado veterano, debemos dar oportunidad a las nuevas figuras. Las calla: muestra en ese ciclo mantenerse en el uno del peso en su patria. La representará también en los XVIII Juegos.  

En la cita asiática es vendaval con tumbo, y hacia el título. Imre Polyak, campeón olímpico de los 63 kilos de la modalidad clásica en 1964. Más allá: as de la persistencia. Este héroe demuestra que nadie, pese a ser muy bueno en su especialidad, es imbatible y sale invicto de todas sus batallas. Ocurre en todos los sectores de la vida. Lo importantes es luchar bien, jamás amilanarse y saber convertir las derrotas en victorias.

El ser humano es el único animal que choca con la misma piedra. Lo que ocurrió relacionado con importantes ausencias de naciones en Londres 1948 me recuerdan este dicho. No fueron invitados al certamen Alemania y Japón, denominados los perdedores, usando un pretexto: no son reconocidos sus Comités Olímpicos Nacionales. En realidad, les pasaban la cuenta por haber sido los mayores agresores. Sus deportistas no son culpables de aquel horror causado por un nuevo reparto del mundo, donde otra vez los perdedores han sido todos los pueblos. Soslayaban la neutralidad política del olimpismo, en la que no creo y que es darle en muchas ocasiones a lo humano. Trataré de demostrar por qué opinó así en próximos escritos.

Durante la justa de la capital inglesa, el nadador japonés Furhasui se desquitó de la no invitación al romper varios marcas del orbe en una piscina de Tokio, para desvirtuar los tiempos logrados por los estadounidenses, quienes   monopolizaron esa disciplina en la edición 14 del festejo mayor. No debemos irmos de este certamen sin alabar la victoria del argentino Delfo Cabrera en maratón, el uno-dos de los jamaiquinos Arthur Wint y Herbert McKemley en los 400 lisos y, sobre todo, de la extraordinaria labor de la holandesa Fanny Blankers Koen. E

Y de rumores, recordamos al italiano Doménico Fioravanti, quien rindió una buena faena en la piscina de Sydney 2000 al dominar las pruebas de pecho. Ante un rumor de dopaje, después de reírse, dijo: “Es verdad, me dopo... con pasta con salsa y dos hamburguesas”.

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