DE LA HISTORIA DEPORTIVA: ¡Hay un ladrón suelto en Amberes 1920!

DE LA HISTORIA DEPORTIVA: ¡Hay un ladrón suelto en Amberes 1920!
Fecha de publicación: 
17 Marzo 2024
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Amberes 1920. Por vez primera ondea la bandera olímpica y se pronuncia el juramento de los participantes. Lo lee el polista y esgrimista belga Víctor Boin: oro por seleccionado en espada, quinto puesto individual y bronce en la disciplina acuática en Estocolmo 1912. Tampoco se irá con las manos vacías de la gran fiesta séptima: dos premios plateados, por equipo como espadista y en la lucha por el balón en la piscina.

Hablando de la piscina: Ya compiten las nadadoras. Las mujeres habían debutado en esa especialidad en Estocolmo 1912. En Suecia estuvo al frente la australiana Fanny Durack, vencedora en los 100 libres con 1:22.2, único estilo programado, y marca del orbe en la semifinal con 1:19.8. Las británicas dominaron el relevo con 5:52.8. Ahora las estadounidenses impusieron su físico y técnica superiores con Ethelde Bleibtrey a la vanguardia: tres doradas con sendos records mundiales por ser la más veloz (1:13.6), en 300 (4:34) y al formar parte del relevo (5: 11.6).

Clavados: en Estocolmo ganó la representante de la sede Greta Johansson; en Amberes el trampolín fue para la norteamericana Aileen Riggin; la plataforma para la danesa Stefany Frayland Claussen.

La inauguración de la séptima gran fiesta tuvo lugar el 14 de agosto, aunque en abril se realizaron las pruebas invernales. El emocionante acto tuvo enorme vacío en las tribunas: el precio de las entradas era demasiado alto y el mal tiempo conspiró contra el espectáculo.

A la llamada Olimpiada de la Paz no fueron invitados los atletas y los integrantes de los Comités Olímpicos Nacionales de Alemania, Austria, Bulgaria, Hungría y Turquía. Otro error y más grave. Los pueblos y los atletas de dichas naciones no tenían la culpa de la Primera Guerra Mundial, causada por la pugna de los imperios por un nuevo reparto del planeta, con vista a continuar la explotación de los de abajo de acuerdo a nuevos intereses, a un nuevo desarrollo.

Impedir la actuación de estas delegaciones era una sanción sobre los países perdedores en la conflagración, como las correspondientes a otras esferas. Además de golpear donde no debían, dejaban laceraciones capaces de impulsar, más tarde o más temprano, el revanchismo e intentar otro reparto del mundo sin soslayar el recurso de la violencia. Quienes las imponían no iban a las raíces, ni resolvían la situación y creaban dificultades. Debemos consignar que los reales perdedores eran los pueblos de las naciones beligerantes.

Esta negativa daña la esencia del olimpismo, la birla y la burla. Existirían más robos, los hay todavía. Los magnates detrás de ellos. Los más damnificados están muy lejos de serlo. Pero, lectoras y lectores, deseo llevarlos a ser testigo de un hurto pese a ser mucho menor. Hubo quien lo calificó de simpático, ocurrente, lleno de picardía sabrosa. Digan lo que digan es un bandidaje. Verlo normal u ocultarlo es abrazar un yerro.

La bandera de los cinco aros flota desde el estadio principal de los Juegos de 1920. Madrugada del 15 de agosto. Al clavadista norteamericano Harry Prieste se le ha clavado una idea desde la apertura: llevarse dicho pabellón... ¡Lo está intentando! En el mástil. Arría la bandera. Ya es suya. Con rapidez se aleja. En el dormitorio que ocupa esconde su tesoro entre sus pertenencias. El corre corre de los organizadores. Muchos de los participantes se dan cuenta de la soledad del mástil. Ah, hay un duplicado. Lo traen enseguida. Notifican a todos que ha sido recuperada la bandera.

Ocho décadas después, los desmiente Prieste al enviar la bandera a los Juegos de Sydney 2000. Entonces, este ganador de bronce de los programados saltos de fantasía en la ciudad belga, tenía 103 años. El estandarte se exhibe actualmente en el Museo Olímpico de Lausana.

A los símbolos hay que cuidarlos con esmero y tampoco debe disminuirse la importancia de hechos de este tipo y mucho menos mentir sobre él. Vale la pena contar el suceso ocurrido en Amberes, aunque con anterioridad de los Juegos de la Paz hubo violaciones que lesionaron de manera peor al olimpismo moderno. Después le aumentó en demasía lo pecaminoso Todavía lo fustiga. Ese consorcio con la comercialización lo ha desgarrado de forma terrible.

Todas las máculas, las ligeras y las graves, golpean el juramento leído por Víctor Boin hace 104 años: Antes de publicarlo prometo continuar mi ofensiva contra lo antiolímpico que tiene tanto de antihumano, teniendo en cuenta su aplicación a la etapa actual con la inclusión maravillosa de las mujeres y la batalla contra cualquier tipo de discriminación: “Juramos que nos presentamos en los Juegos Olímpicos como participantes leales, respetuosos de los reglamentos que los rigen y deseosos de participar en ellos con espíritu caballeresco por el honor de nuestros países y la gloria del deporte”.

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