DE LA HISTORIA DEPORTIVA: Dos misterios en los Panamericanos

DE LA HISTORIA DEPORTIVA: Dos misterios en los Panamericanos
Fecha de publicación: 
17 Octubre 2023
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¿Por qué un equipo cubano de béisbol no asistió a los Panamericanos de Ciudad de México 1955? Cuatro años antes, en la primera edición del certamen, efectuada en Buenos Aires, la selección de la Mayor de las Antillas había vencido al acumular 6 victorias frente a un revés, con la representación estadounidense y la charros en segundo y tercer puestos con 5 y 2. Los titulares mostraron una calidad muy por encima del nivel amateur propio entonces de las justas. Muchos de aquellos integrantes pasaron al profesionalismo, pero existían suficientes aspirantes para escoger con vista a la lid del continente, a pesar del lógico éxodo hacia la pelota asalariada de gloria y seguimiento popular superiores.

También hay un enigma centrocaribeño. Debemos averiguar por qué no nos batimos en el concurso beisbolero en la capital mexicana un año antes, en los VII Juegos, a pesar de ser los lógicos favoritos, triunfadores en Ciudad de Guatemala 1950 y ganadores de la disciplina en cinco de las seis justas convocadas, con un bronce en Barranquilla 1946. Aclararemos las incógnitas planteadas relacionadas con ambas contiendas.

La maldad asaltó la pelota nuestra en vísperas de la lid centroamericana citada. Nada extraño. Era el mismo país con un sistema social subordinado a los gringos y sus socios nacionales, pero a sangre y fuego se había impuesto una dictadura todavía más terrible sin que a la anterior la dirigieran los angelitos. La cultura física y su parte competitiva, además de su repercusión internacional, no estaban salvadas de lo perverso. Al frente de la Dirección General de Deportes estaba el militarote Roberto Fernández Miranda, cuñado de Batista.

No hay ser muy avezado para darse cuenta de los demasiados desmanes y olvidos, la poca atención al sector que venía desde allí en general, y las desgarraduras que incluían a la educación física, especialmente en las escuelas públicas o de inferior abolengo. Era difícil ocultar el dominio sobre las ligas y los organismos, el Comité Olímpico de la nación y los certámenes estudiantiles, con las ambiciones, el negocio, el nepotismo y el amiguismo a todo tren, mientras el racismo y el soslayamiento de los de abajo fustigaban duro, y la mayoría de los quehaceres del músculo se convertían cada vez más en cosa de ricos.
 
Existieron quienes se rebelaban contra esta situación de alguna u otra forma o que laboraban por el desarrollo de la cultura física a partir del amor. Hubo competiciones valiosas, campeones incluso de relevancia foránea, cabalgando no pocos sobre un enorme sacrificio. Pero la actividad no era para todos. Solo la libertad y un noble e inteligente trabajo posterior lo permitirían. Con el bandidaje a la orden del día en el ámbito, la pelota no podía salir indemne. En este caso vino el choque cuando el mencionado organismo del cuñadísimo intentó convocar a una eliminatoria para escoger a los peloteros, con el objetivo de llevarlos a la tierra de los aztecas, ignorando la oficial de la Unión Atlética Amateur de Cuba.

Manolo González Guerra presidía la Liga Nacional Amateur de Béisbol, era vocal del Comité Olímpico Cubano y, lo trascendental, uno de esos seres humanos no puesto de dedo, atleta él mismo, que no sacaba lascas a lo deportivo, sino que se batía por la esfera y más allá. Se puso en contra de la maniobra y advirtió que, de irrespetar lo reglamentado, la Mayor de las Antillas no estaría representada en la pelota allá. Y si no llevaba la firma de él, no era posible la asistencia. Fernández Miranda le envió a un cómplice con cargo, Jacobo Saiff, para entrevistarlo acompañado de varios ayudantes y hacerle cambiar de opinión. Al fracasar, lo amenazó. No consiguió doblegarlo y solo se ganó esta frase:

“Recuerde, los muertos no firman”. Y no firmó. De ahí la inasistencia.
     
En relación con la fiesta americana de 1955 se repitió la película y el mismo resultado: Otra vez no firmó. Tampoco participamos en la disciplina de los hits y los ponches. Mucho tiempo después de 1959, presidente del Comité Olímpico Cubano y miembro del Comité Olímpico Internacional, me comentó acerca del hecho, dado a conocer por el deportista y dirigente del Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (Inder) Fabio Ruiz Vinajeras en el libro Un siglo del deporte olímpico. Cuba y América Latina 1896- 1999: "En esa ocasión lo hice también porque no creí correcto ir a ese evento cuando tantos jóvenes luchaban contra el batistato y muchos se habían inmolado". No me lo dijo, mas yo sabía que Manolón en aquella dura etapa se enfrentaba al gobierno asesino sin limitarse a las palabras y llegó a militar en el Movimiento 26 de Julio.  

Manuel González Guerra en cada cargo que ocupó, antes y después del triunfo, actuó de una manera honrada, corajuda, y en favor de su pueblo. Será siempre el inolvidable presidente del Comité Olímpico Cubano.

Falta el otro misterio. Mírenlo: es un joven con su cámara fotográfica en busca de sucesos, combates, premiaciones de Ciudad de México 1955. Está contratado por la agencia América Latina, más nombre que beneficios económicos, creada por un amigo para buscarse así los frijoles. Hincapié en sus compatriotas argentinos galardonados. Al final a los dos no les fue tan bien como pensaron, y ambos médicos vieron fracasar la empresita. Ahora, obsérvenlo captar el momento de la entrega del premio dorado de los 1 500 metros planos a su coterráneo Juan Carlos Miranda. De pronto, agrupa a unos cuantos deportistas cubanos sin importarles sus modestos uniformes y la modesta cosecha: noveno sitio por un solo premio dorado, 10 de plata y ocho de bronce. Click. Ya está.

Dicen que nuestro corredor Ángel García, uno de los que aparecen en la foto, exclamó asombrado entonces. “No sé qué nos ha visto ese muchacho... Sin que ninguno de nosotros sea de los grandes, quiso retratarnos”. Y, sí, el muchacho había visto la grandeza en ustedes. Ese fotorreportero era Ernesto Guevara de la Serna.


Fotografía tomada por el Che en México 1955 como fotorreportero acreditado en los Juegos.
 

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