¿De espaldas al virus? Jamás. El costo de la indisciplina social

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¿De espaldas al virus? Jamás. El costo de la indisciplina social
Fecha de publicación: 
7 Agosto 2020
5
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Al igual que sucedió en Mayabeque, las playas en

Al igual que sucedió en Mayabeque, las playas en La Habana son un escenario fuerte de riesgo al contagio. Foto: AP / Ramón Espinosa)

 

Confieso que me he sentado con pesar en los últimos días a las 9:00 a.m. delante del televisor. Mi organismo responde al parte del MINSAP y a la voz del Doctor Durán con la religiosidad que un londinense se enfrenta al Té a las cinco de la tarde, justo cuando el Big-Ben lanza sus campanadas…

Desafortunadamente no han sido sosiego, relajación y galletas de la fortuna lo que me han acompañado en las últimas mañanas. Percibo como si le hubiésemos vuelto la espalda al Coronavirus, y estuviésemos ahora mismo hundiéndonos en las arenas movedizas del retroceso y los rebrotes.

Desde el pasado 29 de julio, fecha en que se anunciaron 33 nuevos casos positivos a la Covid-19 he extremado una vez más las medidas de seguridad y posibles riesgos de contagio.

Y lo confieso, con los límites bien claros, sin sacar a la calle a no ser a lo estrictamente necesario a nuestro pequeño de tres años, también experimentamos una ligera tendencia a la relajación.

Vivimos, además, en Micro X, Alamar, un verdadero termómetro en materia de percibir cómo andan las personas en la calle, pues la proximidad de la playa Bacuranao, dicta su propia realidad en materia de aglomeración de personas, aderezado con ingestión de bebidas alcohólicas, música estridente de bocinas y JBL, y en consonancia todo lo que en materia de contacto y exposición esto acarrea.

Esto lo digo con conocimiento de causa, pues justo enfrente de nuestra puerta tenemos un punto de expendio de cerveza dispensada, un mercado estatal, y dos puestos particulares de viandas y hortalizas, lo que, sumado a la panera, eleva considerablemente el flujo de personas por delante de casa.

¿Hacia dónde me dirijo con estas líneas?

Hacia una alarma o llamado de alerta que nunca debimos embolsillar.

El comportamiento del Coronavirus en Cuba en los últimos siete días ha sido el siguiente:

  • 31 de julio. 11 casos.
  • 1ro de agosto. 25 casos.
  • 2 de agosto. 13 casos.
  • 3 de agosto. 24 casos.
  • 4 de agosto. 31 casos.
  • 5 de agosto. 25 casos.
  • 6 de agosto. 49 casos.

Hay varias lecturas que se desprenden de estas cifras y el incremento de casos.

La primera de ellas asociada a la indiferencia de no pocos aún con respecto al virus. Por un lado, es comprensible que después de cuatro meses o más de cuarentena y aislamiento doméstico, en plena temporada veraniega, la sed de diversión, relajación y vacaciones frise lo insaciable. ¿Pero a qué precio?

¿Prefiere usted sacrificar el bienestar y la salud de los suyos por dos o tres horas de playa y relajación? Incluso relajación en el plano de lo cuestionable, pues no me irá a decir que en ese tiempo de sol y playa no pensó en más de una ocasión en una posibilidad, aunque sea mínima, de contagio.

Esa idea taladra la mente de muchos, fundamentalmente aquellos vinculados directamente con nuestro sistema de Salud, el cual no ha cejado en una batalla campal por erradicar o llevar a los niveles más bajos posibles al dichoso Coronavirus.

Hablamos de casi cinco meses de insomnio del Doctor Durán y todos y cada uno de los trabajadores de la salud; de las instituciones o entes gubernamentales en cada uno de los territorios, tanto La Habana, que parece no saldrá de la fase uno de desescalada, como de otros territorios como Artemisa que encontrándose en fase tres ha experimentado un retroceso fatídico.

Hablo de las máximas autoridades de la nación, con el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez a la cabeza, a quiénes no le cabe un alpiste más de preocupación, que se deshacen en subterfugios y estrategias para sacar un país adelante y preservar los índices de contención del virus que habíamos alcanzado.

Hablo de un promedio de más de 3 500 pruebas PCR diarios con un costo real a nuestra economía, lo que al parecer no entra aún en los análisis de unos cuantos indisciplinados que persisten en llevar una cotidianidad desenfadada, sin importarles las buenas prácticas, debatiéndose entre sosiego, playa, parrandas, colas…

Y sé que no pocos esgrimirán las variables escasez y precariedad como argumentos, las que son ciertas en alguna medida. Eso no significa que incluso a la hora de satisfacer nuestras necesidades primarias, no lo hagamos con sensatez, sentido común, disciplina.

Si nuestro estado ha sido efectivo y meticuloso en el combate al Coronavirus, no echemos por la borda todos esos ingentes esfuerzos, todas esas horas de insomnios, toda esa planificación rigurosa, toda medida proyectada con el único fin de garantizar la seguridad y el bienestar de nuestro pueblo.

Para culminar quisiera traer a colación los datos de esta pandemia en el mundo:

Hasta el 5 de agosto se reportan 185 países con casos de COVID-19, asciende a 18 millones 519 mil 579 los casos confirmados (+ 256 mil 37) y 700 mil 539 fallecidos (+ 6 mil 813) para una letalidad de 3.78 (-0.0).

En la región de las Américas se reportan 10 millones 003 mil 225 casos confirmados (+ 145 mil 42), el 54,01 del total de casos reportados en el mundo, con 372 mil 388 fallecidos (+ 4 mil 430) para una letalidad de 3.72 (-0.01).

Imaginen que Estados Unidos se aproxima a los 160 mil decesos por causa de la pandemia con casi cinco millones de casos confirmados; en tanto Brasil, el gigante Sudamericano, exhibe números igualmente alarmante, a razón de casi tres millones de infectados y 100 mil muertes.

Solo dos ejemplos de una región de las Américas que continúa siendo el epicentro de la pandemia.

Entonces, por encima de la indisciplina social, la incredulidad de algunos y la indiferencia de otros de espalda alargada, arropados con el sobretodo de la ignorancia, hagamos un llamado de atención colectivo, un ejercicio de autoconciencia popular. No dejemos la corrección del tiro y el retomar el sendero correcto única y exclusivamente a la acción de las autoridades.

La cuarentena y el aislamiento fueron platos que degustamos por necesidad en nuestras mesas, unos para nada sabrosos y de costo bien elevado.

Hagamos todo lo posible por eliminarlos de nuestro menú, en el cual la indisciplina social no aparezca como opción ni detrás del café, o el famoso té vespertino.

Comentarios

Sobre la necesidad de satisfacer las necesidades, la situación es que se está vendirndo el doble de lo que se ofertaba en el mismo período el pasado año, entonces debemos preguntarnos que en verdad está sucediendo, porque si venden pollo todos los días, las mismas personas usted ve que compran, lo necesiten o no.
Pero si hubieran hecho mas pruebas estoy segura que aquellos numeros bonitos fueran otros, sin contar que no hay pesquisa realmente, muchas emp y fabricas no han parado, las administraciones quieren a la gente trabajando y muchos cabos sueltos
Soy capaz de apostar,que ud emite un comentario con IP localizado en el Sur de La Florida Un comentario tendencioso,para hacerle ."campana de resonancia" a los desinformadores basados en Miami,que reciben una tajada del presupuesto para crear "ruidos en el sistema" y ver,si por alguna "chispa",se enciende la pradera....Numeros "bonitos" si son los que tiene Trump ,que ni siquiera incluye a los decesos,fuera del control estadisitico,pues a diferencia de CUBA,el "Sistema Sanitario Estadounidense',da, por sentado que hay excluibles .no contabilizables.
loidaduprez@gmail.com
Hasta cuando las indiciplinas por Dios.
Hola
Lo que nadie se pregunta,porque abrieron esas playas en la habana,si todavía existían casos positivos??en otras provincias tuvimos que esperar 60 y mas días sin casos,para poder acceder a las playas,por sólo poner un ejemplo.Acaso es miedo a que los habaneros se tiraran a las calles?? O acaso es la habana mas especial que las otras provincias??ahi se los dejo

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