Arte, Letras y Acción: Remedios, nación pequeña dentro de un país grande

Arte, Letras y Acción: Remedios, nación pequeña dentro de un país grande
Fecha de publicación: 
20 Octubre 2021
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Grabado de la villa de San Juan de los Remedios en el siglo XIX realizado por el artista Federico Mialhe.

San Juan de los Remedios surgió en el seno de la nación, arropada por los fenómenos de la cruel conquista y colonización, por la barbarie civilizatoria que barrió con una era e inauguró otra. No se puede decir que la entonces villa ilegítima careciera de prosperidad, de talante urbano, de belleza. La comarca, como sitio iniciático, comparte con el país todos los momentos cristalizadores de la identidad, de lo propio, de lo sacro entendido como existencia colectiva más allá de las etiquetas y las supercherías.

Por ello, en diversas obras literarias, la villa devenida ciudad, aparece como acompañante e incluso protagonista de la historia patria. En Remedios, allá por el siglo XVII, se hablaba de esta tierra como el hogar donde se desea vivir. Las matronas escribieron una carta al entonces Rey de España, defendiendo la permanencia del sitio, ante los embates de la mayor pelea cubana contra los demonios tangibles y fatuos que se conozca. El Padre y Sumo Inquisidor del Santo Oficio, Joseph González de la Cruz, promulgó la desaparición de Remedios, justificando el bulo en una supuesta boca infernal situada a una milla del poblado. Un siglo después, se alzaban los edificios majestuosos en el centro histórico, mientras que los restos del malhadado cura habían desaparecido misteriosamente, entre el odio, el resquemor y la supersticion. Aquella pelea fue además patria, cultura y asiento incólume de un país que nacía. No solo se enfrentaba al enemigo inasible, sino al pirata, al corsario, al hereje inglés y francés. Era un combate incipientemente nacionalista, que reivindicaba a los hogares y las esposas, a los hijos y las haciendas.

¿Hacia qué dirección fue la villa, luego ciudad, en los siguientes siglos? Estudiosos como el propio Hernán Venegas hablan de Remedios como una especie de museo detenido, que muestra todas las etapas de expansión y poderío de la sacarocracia criolla. El florecer de los ingenios, el esclavismo inhumano, las fiestas de la alta sociedad y el surgimiento de tertulias y ateneos literarios, formaron un gusto por las artes, un estilo de pueblo culto que distingue a Remedios hasta hoy. Aunque los primeros anillos de esa explosión aristocrática se quedaron detenidos, hoy se aprecian los destellos de la grandeza en las arcadas y los balaustres, en la cristalería y los patios andaluces con fuentes, en los jardines temáticos con sus estatuas y sus faroles trabajados en metal.

La jornada por la cultura cubana le debe esa pelea a Remedios. Tendrá la República que reconocer algún día al pequeño asiento que devino villa de grandes. Acá, en las esquinas iluminadas apenas con una fogata, se conspiraba bajo las órdenes de Bolívar y sus Rayos y Soles. Otro tanto fue en los capítulos del Águila Negra y de las rebeliones de esclavos. Blancos, negros y asiáticos, se unieron con los restos que hasta bien avanzado el siglo XVIII pervivieron de los indígenas nativos en las montañas aledañas. Cuentan que eran auténticos centinelas, capaces de avisar sobre incursiones extranjeras que rondaban las costas de la Bahía de Buenavista. Y cuando hacia 1820 surgen las Parrandas, un cura católico asturiano fue el iniciador, junto a niños criollos de todas las razas, quienes iban por las calles haciendo todo el ruido posible. Bulla devenida música, y arte y luz cultural. En los faroles de papel iba el legado chino, presente en más de una tertulia remediana; en los ritmos estaban el fervor africano, la polka europea; en las carrozas y trabajos de plaza una huella que aúna varios registros creativos de diversa índole. Ya estaba listo el ajiaco para que alguien lo catara, lo nombrara y lo realzara. Y eso iba aconteciendo ya hacia la segunda mitad del siglo XIX. Más tarde, hacia 1930, Emilio Roig de Leuschering le daría  a las Parrandas un justipreciado sitio en la nación, pero aún faltaba mucho por desandar en el camino de los aportes y al acompañamiento remediano a Cuba.

En las partidas de parranderos de la primera mitad del siglo XIX iba el por entonces muchacho Francisco Carrillo, hijo predilecto que se alzó en las tres guerras contra España, titulado por José Martí en Patria con los calificativos de amigo entrañable y héroe sin par. Fue este mito viviente quien le contó al Apóstol las anécdotas que integraron una colección de historias sobre la guerra, en las cuales lo mismo figura la toma del Fuerte de Tetuán en las afueras de Remedios, que detalles en apariencia nimios. Ahí, en la prosa martiana, en la poesía inmensa de la nación que vivía su momento crucial, estaba la villa silenciosa y humilde, ya por entonces detenida y en franco proceso de recogimiento para transformarse en un centinela inerte, en un torreón de la Historia.

Pasó Máximo Gómez hasta el Hotel Mascotte y protagonizó sucesos que se vivieron en la ciudad como definitivos: el licenciamiento del Ejército Libertador, discursos, tomas de posiciones, fundación de un gobierno, filosofías que eran el acicate de otras etapas. La cultura como la savia hirviente en los bailes, donde Doña Diana de Caturla recitaba o tocaba el piano, ante la sonrisa de su esposo el mambí Silvino García. Nació, en 1906, Alejandro, hijo de tal matrimonio, genio de la justicia y del pentagrama asesinado en 1940. El bullicio de la tragedia dio más vida a la obra y el arte. Una leyenda cuenta sobre el alma del compositor clamando por tiempos mejores y más hermosos, en los pasillos, salones y demás monumentos que componen la imponente mansión familiar.

Remedios, la mítica de los miles de demonios que describe Fernando Ortiz, la tierra donde pervive una novísima Edad Media cubana desde los tiempos iniciáticos. La urbe de la cultura y la superchería, de Caturla y la bala que lo destroza, de las Parrandas de la luz y del sombrío desarrollo económico venido a menos. Ciudad y villa, nación pequeña que da paso a la grande. El olvido no la mella, no la acalla, no la desdice. Crece con mayor alma, allí en esos momentos donde pareciera estar muerta.

Cuba y su jornada por la cultura, por la identidad, van a las puertas de la ciudadela detenida, le ofrecen el honor que merece. Dentro, en el murmullo de ese tiempo especial -el de las obras maestras- el arte hecho vida nos contesta. Remedios la Bella, luce mejor, resalta, nos embelesa y sigue siendo el sitio de siempre, donde la cruz y los demonios conviven con la misma bravura.

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