El Junco que la mandaba al Palmar

El Junco que la mandaba al Palmar

Quizás el cuarto bate matancero no recibió casi nada tangible, pero su nombre no se diluye entre las sombras del olvido, su paso por los diamantes es testimonio de que el amor más puro no se mide en posesiones
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Lázaro Junco, uno de los más grandes jonroneros de la pelota cubana.

Lázaro Junco, uno de los más grandes jonroneros de la pelota cubana.

Source:
CubaSí

Cuando empecé a seguir la pelota en mi desconocimiento infantil pensaba que cuando hablaban del Palmar de Junco era porque pertenecía de alguna manera, quizás ancestral, a uno de los peloteros que me hacía sufrir en los estadios.

Como no soy seguidor de los equipos de Matanzas, cada vez que se paraba aquel moreno alto de brazos enormes en el cajón de bateo el corazón se me aceleraba porque había grandes posibilidades de que la bola no regresara al terreno.

Fui adentrándome en los vericuetos de este hermoso deporte y me enteré de que el lugar y el jugador no tenían nada que ver, como no fuera coincidir geográficamente.

Claro que Lázaro Junco pisó el Palmar, y envió unas cuantas pelotas más allá de las cercas, pero no era el vínculo que mi imaginación puso en los inicios.

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Lázaro Junco

Lázaro Junco

Hoy, no por inevitable me sorprendió la noticia de su partida física, tras años de enfermedad silenciosa, traicionera, pero incapaz de doblegar ese corazón noble y franco quien pudo tenerlo todo, no le dieron prácticamente nada, y a pesar de eso siguió entregando su sudor sin esperar nada a cambio.

Así es el amor, cuando se entrega el alma sin medida y el corazón se pone en cada jornada sin importar que el mundo a menudo parezca ciego a sus latidos, como una flor que se abre ante el viento sin esperar frutos.

En la distancia parecía que sus esfuerzos se tornaban silencios y sus sacrificios en ecos que nadie recogía, pero nada de eso quebró su espíritu, él seguía en lo suyo, se paraba en home, la desaparecía con esa fuerza descomunal y daba la vuelta al cuadro sin jamás reírse, por respeto al rival.

Tampoco formaba aspavientos cuando le pegaban la pelota y hasta le golpeaban, porque toda su vida estaba marcada por la generosidad, cual melodía que pese a no ser escuchada, nunca deja de sonar.

No buscaba aplausos ni reconocimientos; un simple “gracias” aliviaba su carga, porque era consciente, en lo más profundo de su ser, que el valor de su entrega residía en la acción misma, en el instante fugaz donde se ofrece sin miedo lo mejor de sí. 

No se cansó de extender su mano aunque no encontrara otra que la tomara, fuera de los predios yumurinos.

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Lázaro Junco

Lázaro Junco


Siguió sembrando luz en forma de truenos por cualquier jardín aun cuando la oscuridad parecía ganarle la batalla, irradiando afecto a cambio de indiferencia.

Pienso en estos momentos en cada gesto no correspondido y no puedo menos que venerar su paciencia, su humildad y el poder sanador de la entrega desinteresada.

Amar así, lo mismo a un deporte que a otra persona, es tan radical como necesario, sobre todo en tiempos donde el intercambio frío y calculado parece dominar.

Son imprescindibles estos faros solitarios, estas fuerzas silenciosas que alimentan la esperanza de que aún es posible regalarse al otro con plenitud, sin perderse a sí mismo en el intento, en una ofrenda perpetua que no depende de una reciprocidad visible.

Junco se nos fue, pero aquellos actos aparentemente mínimos pero cargados de sentido crearon caminos nuevos con cada paso generoso regalando momentos de belleza perfecta. No es necesario esperar que el mundo cambie para comenzar a querer.

Quizás el cuarto bate matancero no recibió casi nada tangible, pero su nombre no se diluye entre las sombras del olvido, su paso por los diamantes es testimonio de que el amor más puro no se mide en posesiones ni en gratitudes, se mide en la fe ciega en el otro, en la capacidad de permanecer abierto a pesar de la desilusión, en seguir dando lo mejor de sí, aun cuando muchos no se lo pidan ni lo valoren, porque en esa dedicación constante fue eternamente rico y se convirtió, sin saberlo, en un mito eterno.
 

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Comentarios

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Jose
3 June, 2026

Sabias palabras. Mejores que esas para retratar a ese atleta talentoso, generoso, amable y constante no las podrá escribir nadie más. Lo felicito