domingo, 21 septiembre 2014, 20:09
Viernes, 26 Octubre 2012 20:06

La solidaridad: un beneficio del huracán Sandy

Escrito por  AIN
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Se trata de aunar los esfuerzos, mientras se espera la llegada de fuerzas y equipos especializados en el corte de miles de grandes árboles derribados por las fuertes rachas de viento, uno de los principales perjuicios del huracán.



La solidaridad entre vecinos es el panorama reinante en cada barrio de la provincia de Santiago de Cuba, luego del paso del devastador huracán Sandy.

   En medio de la tristeza por la pérdida de viviendas y techos, de forma parcial o total por los derrumbes, crece la ayuda y cooperación en la comunidad, ya sea el esfuerzo manual para hacer los necesarios trabajos de recuperación, o el préstamo de herramientas, y hasta el necesario trago de café y el comentario reconfortante que anima tanto.

   Se trata de aunar los esfuerzos, mientras se espera la llegada de fuerzas y equipos especializados en el corte de miles de grandes árboles derribados por las fuertes rachas de viento, uno de los principales perjuicios del huracán.

   Por ejemplo,  en la cuartería de la calle Bayamo número 21, en pleno centro de la urbe, niños, jóvenes y mujeres apoyan con la carga de pequeñas o grandes ramas de un árbol de anoncillo de más de 60 años, según revela el grosor de su tronco, que cayó sobre los techos de varios locales de ese interior.

   El joven Franklin Fabré, quien participa en el desmoche por su estatura y fortaleza física, destacó que en la unión está la fuerza.

   María de Jesús Robert, otra de los vecinos afectados por la caída de dos árboles, uno de yagruma y otro de jagüey, sobre su recién enchapada cocina, agradeció la ayuda de los vecinos para liberar las ramas de su patio y espera por el personal especializado para retirar los pesados troncos.

   Esta santiaguera quien reside con su madre anciana y un niño adolescente asegura que nunca olvidará los vientos de este huracán que envolvió en un remolino, de forma aterradora, esos dos grandes árboles.

   Pero a sus temores y desagradables recuerdos sobre esa madrugada, Robert contrapone el optimismo y la confianza en que Santiago de Cuba volverá a ser la comunidad vibrante, hospitalaria y rebelde como se le caracteriza.

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