Frente a la Covid19: Mi fórmula de buen papá (+Fotos)

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Frente a la Covid19: Mi fórmula de buen papá (+Fotos)
Fecha de publicación: 
31 Mayo 2020
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El columpio en el patio se ha convertido en una actividad de disfrute para Enzo Samuel.

Hay una máxima en la vida que se cumple cual adagio: Todo por el bienestar de nuestros hijos, al menos en mi caso y estoy convencido que en el de muchas otras familias en cualquier latitud también.

Por eso es que en tiempos de Coronavirus, cuando la casa es el principal mecanismo o medida de aislamiento social para combatir esta pandemia que ha dejado una huella poderosa en la humanidad, la fórmula de buen papá cotidiana ha sufrido una alteración forzosa.

Hablamos de que, aun siendo adultos, cuesta muchísimo trabajo mantenernos confinados por más de un mes en nuestros hogares, disminuidas nuestras actividades y con el paso de los días la sensación de claustrofobia e impotencia para con la Covid-19, taladrando nuestros sentidos.

Entiendo que en numerosos hogares cubanos conviven hasta tres y cuatro generaciones de una misma familia, entiéndase de siete a diez personas en un apartamento de microbrigada. Para ellos, las variantes de equilibrio y entretenimiento o confluencia de intereses se vuelven todavía más complicadas.

En nuestro caso, solo somos mi esposa Madelaine y yo, a cargo del cuidado y Schedule diario de nuestro pequeño Enzo Samuel, que con tres años y medio, y ya más de 60 días en casa sin comprender por qué el maldito Coronavirus le imposibilita salir, ir al círculo y jugar con sus amiguitos, mantener su curva de desarrollo psicopedagógico natural sin alteraciones, visitar o pasear con sus abuelos, o sencillamente jugar o recibir a su primo el Titi (Fabio), comprenderán que lograr que sus días sean llevaderos se antoja el decimotercer trabajo de Hércules.

Y eso que por fortuna disponemos de una terraza o patio pequeño, por lo cual su espacio de juegos y actividad física al aire libre no es tan limitado.

Con semejante aperitivo me dispongo sencillamente a enumerar o dejarle amigo mío, algunos tips de lo que considero mi fórmula de buen papá, o sencillamente un replanteamiento de todo lo que se puede hacer en función de la felicidad de nuestros hijos, ahora que hemos dispuesto de tiempo suficiente para interactuar con ellos y que todos intentamos desterrar el vocablo Claustrofobia en esta era de confinamiento domiciliario:

1. Garantizar su correcta alimentación, lo cual implica batalla de las colas en el radio de acción cercano, y no pocas peripecias con el comercio electrónico.

Una vez que los alimentos están casa toca velar por sus comidas y horarios diarios: leche diurna y nocturna, meriendas, almuerzo y comida, siempre priorizando el balance nutritivo.

2. Evitar que dedique demasiado tiempo a los videojuegos y dibujos animados. Aquí creo justo detenerse. Es un aluvión de consejos o debidas prácticas, tanto de especialistas en psicología infantil, como de mi madre y amistades más cercanas, incluso llueven los ejemplos al respecto.

Ahora bien, una cosa es la teoría y otra la práctica, máxime cuando la concentración de la atención de un niño de tres años y medio, y por consiguiente el tiempo que le dedica a cada actividad, el que él considera el idóneo para mantenerse entretenido, es variable y por lo general breve.

Si a eso le sumamos un seno familiar con madre ingeniera informática y padre periodista, ambos acogidos a la modalidad de teletrabajo y con la mesa del comedor convertida en oficina de campaña con dos laptops espalda con espalda, además de Tablet, televisor y teléfono celular, podrá imaginarse la clase de contienda en más de una ocasión en el día para actuar sobre él y persuadirlo hacia juegos infantiles, dibujo, modelaje con plastilina y otras actividades afines a su desarrollo natural.

De cualquier manera, múltiples mecanismos mediante, intentamos que el tiempo de interacción con las tecnologías no exceda una o dos horas hora al día, entre la mañana, y tarde-noche, evitando que los emplee próximo a su horario de sueño.

3. Actividades relacionadas con su evolución cognitiva: Aquí toca darle rienda suelta a nuestro ingenio. Con base y apoyo suplementario en la teleclase destinada a esta etapa de la enseñanza y un elevado componente de lo que hemos aprehendido o visto en la escuela de la vida existen varios días, retos y concursos.

Se trata de activar su competitividad, elevar sus niveles de concentración y promover su aprendizaje, desarrollo del lenguaje y psicomotor…

Aquí entran a desempeñar su rol, los retos o concursos de juegos como fútbol, béisbol, baloncesto, carreras con señales y obstáculos.

Espacio esencial hallamos en el dibujo con crayolas, o con tizas en la terraza, el modelaje con plastilina, la lectura de libros de cuentos y otros asociados a números, conjuntos, figuras geométricas, colores, animales y sus respectivos hábitats… la construcción con juegos legos, y la posibilidad de compartir e interactuar con sus demás juguetes.

Algo esencial, pues las buenas maneras y modales respecto a la socialización y solidaridad en diversos escenarios, se inculcan desde la cuna.

Acá nos entra un regocijo indescriptible al ver que nuestro pequeño domina los colores y formas, las dibuja incluso, cuenta hasta el diez, establece analogías insospechadas y da riendas sueltas a su imaginación, ya sea en un mundo de dinosaurios o en furibundas carreras al más puro estilo de Blaze y sus monster machines.

No menos gratificante resulta verlo bailar al compás de Coti, cabalgar con Palmiche y Elpidio Valdés, y resolver pequeños casos o acertijos a la usanza de Fernanda.

Claro, en su pequeño mundo, posee súper poderes, las soluciones deben ser de la forma en que él las plantea o al menos que sienta que hubo un empate, y cosas por el estilo.

4. Velar por su sueño. Algo bastante sui géneris en tiempos de Covid-19. Made y yo preocupados hasta la médula por sus ocho horas diarias, su siesta del mediodía, y ese balance entre descanso y actividades cotidianas. Lógicamente, con una alimentación más rigurosa y el consumo energético, por mucho que se intente, disminuido, lo cierto es que sus horarios de sueño se han corrido, al punto de que a veces ha quedado en los brazos de Morfeo frisando la medianoche, y bajo protesta, alegando que no desea nunca más tomarse su leche, a sabiendas que la secuencia continúa con el sueño y el recital de canciones infantiles para lograr rendirlo.

Esa, amigos míos, es más o menos mi fórmula diaria o intento de ser un buen padre en tiempos de pandemia. No es infalible, pues además de que nuestro pequeño Enzo Samuel nos sorprende a diario, pueden surgir variables sobre la marcha, o moldearse o perfeccionar otras.

Eso sí, la máxima es que el niño se sienta a gusto, luego de casi 70 días de aislamiento en casa atenuar o disipar las mismas rutinas y que, a cada segundo se sienta amado, sabedor de que constituye nuestro mayor tesoro o bendición, y de que no bastaría esta vida ni la siguiente para intentar demostrárselo.

Todo lo antes expuesto queda indefenso o vulnerable ante un beso espontáneo, un te amo papi, o sencillamente: eres el mejor papá del mundo…

Armar castillos y torres con bloques legos forma parte de sus rutinas.
Los videojuegos son atractivos, pero se le dosifican los horarios.
El dibujo con crayolas, otro método para incentivar su ingenio.
La batalla de burbujas, un espacio de interacción familiar. Fotos: Del autor.
Regar las plantas termina en un baño familiar de manguera.
Todo minuto junto a mi pequeño es de disfrute pleno.

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