Esto es jugando

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Esto es jugando
Fecha de publicación: 
10 Agosto 2020
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Foto: tomada de Guerrillero

Nada de juego hay en el tema de la Covid-19, cuyos contagios se han visto en ascenso en nuestra Isla por la indisciplina social, por no acatar las medidas higiénico-sanitarias que recomiendan quienes más saben.

Y como ahora el aislamiento social parece imponerse con seriedad, sobre todo en los territorios afectados, pues conviene escuchar consejos de otros entendidos sobre cómo sobrellevar mejor ese confinamiento.

Jugar es una de las claves. Lo recomienda la reconocida científica chilena Isabel Behncke, bióloga, zoóloga, con un máster en antropología evolutiva, en Cambridge, y un doctorado en primatología, en Oxford.
Tanto estudio avala los consejos de la doctora Behncke cuando subraya la importancia de jugar y reír en estos tiempos de incertidumbre y temor a nivel mundial.

 


Foto: CubaSí

En entrevista concedida a BBC Mundo, esta también especialista en conductas humanas, luego de permanecer tres años en las selvas del Congo estudiando comunidades de bonobos, asegura conocer la diferencia entre la sociabilidad de animales sociales inteligentes cuando están enjaulados a cuando se encuentran en libertad.
 


Dra. Behncke. Foto: tomada de BBC

Y “este es el gran experimento que estamos viendo ahora. Somos animales sociales inteligentes en cautiverio”, refiere y razona que como primates sociales que somos, formados libremente, en contacto con nuestro entorno y con todos, el estar privados de ello “puede tener efectos profundos en nuestra salud física y mental”.

Aun sin negar la importancia del aislamiento que garantiza en el presente salud e incluso la propia vida, la experta comenta que una de las consecuencias de la falta de contacto social pueden ser conductas repetitivas, mayores conflictos en las relaciones… un aumento del estrés. 

Como paliativo a estas consecuencias, que no son las únicas, la doctora Behncke propone jugar.

A la una, a las dos… ¡jugando!

En la citada entrevista, comenta el papel del juego desde los orígenes del ser humano, el cual juega durante toda la vida, a diferencia de los otros mamíferos que solo juegan durante las primeras etapas de su desarrollo.

Lo hacemos así “porque el juego es muy importante para la salud física y mental, para la resiliencia y para la creatividad”.

Sin embargo, como ahora el miedo invade mentalidades y casi puede sentirse invadiendo algunos espacios como espesa jalea, resulta que los humanos juegan menos a causa del estrés.

Paradójicamente, es cuando más debe jugarse. Así lo recomienda la estudiosa: “Hay que hacer lo que sea necesario para mantener el juego en la vida, sobre todo en tiempos donde es difícil hacerlo porque hay miedo e incertidumbre”.

Junto al juego, también recomienda reír como otro buen caparazón que nos protege: “prestar atención a cuán seguido estás riendo y si en pandemia tienes maneras de reír todos los días”. Para conseguirlo sugiere hablar desde la distancia con alguien que te divierta, leer literatura con aires de humor, ver comedias...

Sentados en su verde limón

El consejo de jugar y reír es válido para todas las edades y etapas de la vida, pero con los niños habría que tener una atención especial, también en ese sentido.

No basta con protegerlos con el nasobuco, con velar que guarden las distancias y que se laven las manos.


¿Cuántas veces ríes al día? Foto: tomada de Internet

Los menores, cubanos y del mundo en general, han visto interrumpida su existencia habitual, lo cual sienten en particular ahora cuando todo sería paseos, playa, diversión, juegos con amigos y la realidad marcada por la pandemia no es esa.

De ahí que con ellos habría que tener especiales atenciones también en lo emocional. Y jugar con ellos, compartir tiempo de calidad a su lado, es un buen camino porque les transmite seguridad y apoyo, haciéndoles sentir en un contexto emocional confortable.

A la vez, los ayuda a seguir creciendo porque jugando aprenden. No solo asuntos de corte académico, sino aprenden también a tolerar frustraciones, a controlar la ira, a justipreciarse, a conocer sus potencialidades y límites.

Y si en la escuela eso sucede, entre sus seres queridos los aprendizajes pueden adquirir otras dimensiones más cercanas a los afectos.

 


Foto: Agustín Borrego /Trabajadores

Jugar con los niños igual puede reportar para los adultos muy buenos dividendos porque, cuando en realidad se involucran, logran una momentánea desconexión de otras preocupaciones y, a la vez que aprenden sobre cómo evoluciona y se proyecta el niño, también pueden aprender de sus propias reacciones.

Francisco Aguayo, quien ha sido consultor de UNICEF en temas de corresponsabilidad y paternidad actividad, asegura que  “cuando el padre está involucrado, con una presencia de calidad en el cuidado de sus hijos e hijas, impacta positivamente en distintos ámbitos de su desarrollo: su autoestima, habilidades sociales, bienestar económico, rendimiento académico, entre otras. Se ha estudiado que niñas con un padre involucrado crecen más empoderadas y que niños con un padre participativo están más educados en la igualdad de género”. 

La oficina de UNICEF en Cuba ha publicado en su sitio web un catálogo de pasatiempos tradicionales cubanos para jugar en familia. Intentar un acercamiento a esos juegos quizás resulte una sorpresa para grandes y pequeños.

Los niños a lo mejor descubren juegos que las nuevas tecnologías han relegado al olvido y que fueron los que compartieron algunos de sus padres y sus abuelos. Los adultos, por su parte, podrían reeditar durante un par de horas su infancia ida para volver a sentarse junto a la Pájara Pinta en su verde limón, cuyo perfume y color de esperanza espantarán por un rato las sombras de la pandemia.

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