Milei: Un lugar bien ganado

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Milei: Un lugar bien ganado
Fecha de publicación: 
23 Enero 2026
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El presidente Javier Milei cruzó saludos con su par de Estados Unidos, Donald Trump, en el marco del Foro Económico de Davos

El título fue inspirado por Mirko Casale, periodista humorístico de RT: En una pared, en lo más alto, los retratos de los genocidas Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Algo más abajo, pero no tanto, otro con la figura de Javier Milei, un lugar bien ganado, aunque ahora está asediado por los nuevos dirigentes de la ola derechista que está invadiendo Latinoamérica, sumisos a Washington y Tel Aviv, que coquetean con el exterminio de la población palestina, la criminal agresión militar a Venezuela y hasta con la aprobación del bloqueo de Estados Unidos a Cuba, tal es su abyección.

Con Milei se me familiariza aquella frase del cómico argentino Rafael Biondi en un programa navideño de 1958,  horas antes de que el dictador Batista huyera de Cuba: “Yo tengo más miedo con ese chico”.

Mientras las fuerzas represivas golpeaban a los jubilados que protestaban en las calles de Buenos Aires o por el recorte a sus ya magros salarios, el melenudo argentino desbarraba todo su veneno ante representes millonarios reunidos en la ciudad suiza de Davos contra todo tipo de políticas sociales, a las que calificaba de comunistas.

El mandatario aprovechó la ocasión para defender las reformas estructurales que impulsa en su país, centradas en la reducción del Estado, la desregulación económica y la apertura al comercio internacional. Según explicó, su gobierno busca “revertir décadas de decadencia” mediante un modelo de libre empresa, al que calificó como “el único sistema que es justo”.

El discurso de Milei se enmarca en una estrategia de alineamiento con Estados Unidos y otros países que promueven economías de mercado. Su presencia en Davos incluyó reuniones, en un intento por atraer capitales y respaldar su ambicioso plan de transformación económica para favorecer a quienes más tienen, siguiendo el compás de un mundo donde dominan los grandes medios, plataformas tecnológicas y la extrema derecha, creando eso que algunos expertos progresistas denominan la cultura del desprecio.

Esto afecta a millones de seres humanos: los  palestinos, los inmigrantes, los perseguidos, los pueblos sin acceso al agua potable, los envenenados por las mineras o el glifofosfato, las mujeres pobres, las infancias desnutridas, las víctimas de hambrunas sucesivas en África. 

El presidente argentino persigue la depuración ideológica de sus enemigos, aquellos que tiene más a mano, los “zurdos”, los “kunas” o cualquiera que proponga una vía hacia el socialismo, más o menos revolucionaria o moderada, incluso desde la socialdemocracia.

LA CRUDA REALIDAD

El accionar del “chico” sigue metiendo miedo a los trabajadores con su reforma laboral, con un bagaje que incluye el cierre de una empresa por hora y  371 despidos por día.

Los informes del especialista e investigador Luis Campo marcan datos muy crudos: cerraron más de 21 000 empresas desde diciembre del 2023 y hubo más de 270 000 despidos. 

Confiado en que ahora maneja mejor su accionar parlamentario, Milei hace caso omiso al Frente de Izquierda Unidad, que presentó un llamado Proyecto de Emergencia Laboral Nacional y Promoción del Empleo Formal, que tiene como objetivo enfrentar la profunda crisis laboral, social y económica que atraviesan la clase trabajadora y los sectores populares, agravada por las políticas del gobierno ultraderechista, la Libertad Avanza, su alianza con el PRO (macrismo) y el acompañamiento cómplice de los distintos gobernadores, sectores patronales y burocráticos.

Milei utiliza el viejo y repetido verso de resignar derechos para que haya trabajo. Y es que durante las últimas cinco décadas, los gobiernos capitalistas, desde los militares hasta este de la ultraderecha impulsaron supuestas “reformas laborales” en nombre de la “modernización”, la “productividad”, las “inversiones”, el “empleo formal” y apelando con hipocresía a las carencias de jóvenes y sectores “sin derechos ni estabilidad”, consecuencia de las políticas que esos mismos regímenes aplican, las que no han hecho más que incrementar la informalidad, precarizar las condiciones de trabajo, facilitar los despidos y degradar los salarios reales.

Milei y sus voceros patronales y mediáticos repiten que su reforma buscaría “dar derechos a los que no los tienen” y “crear trabajo formal”. Es el mismo verso que usaron los militares, el menemismo, la Alianza y el macrismo. Pero no hay un solo artículo que mejore la situación de quienes trabajan en la informalidad. Al contrario, anulan derechos de los que aún los conservan, empujando a la baja las condiciones generales de la clase trabajadora.

Cada avance en la “reforma laboral” capitalista se tradujo en más informalidad, más desempleo y salarios más bajos. La supuesta “creación de empleo formal” nunca ocurrió, porque es un eslogan discursivo para que pase la quita de derechos. Y porque no depende de las leyes laborales, sino del modelo de desarrollo económico y del reparto efectivo de la riqueza socialmente generada.

“BANCO DE HORAS” Y DEMÁS

Ahora reinstalan estos mecanismos: el “banco de horas” ya está en la actual legislación mediante los convenios colectivos, es presentado como un “mecanismo de flexibilidad”. Elimina las horas extras, desorganiza la vida obrera y deja a cada trabajador “a disposición” de la empresa, que puede exigir más horas sin pagarlas como tales.

Y el invento de los “salarios dinámicos”, del Secretario de Trabajo Julio Cordero -abogado por décadas del grupo Techint-, busca sustituir los componentes fijos del salario (básico, antigüedad, etc.) por conceptos variables ligados a la productividad o la decisión del empleador. Ambos persiguen un mismo objetivo: reducir el costo laboral y aumentar las ganancias empresarias, precarizando aún más la vida laboral.

Es legalizar el despido libre y barato: a un trabajador con 20 o 30 años de antigüedad se lo puede echar con una suma miserable. A su vez, reemplazar la indemnización por un “fondo de cese laboral” pagado por los propios trabajadores es otra cesión al poder patronal. La Central General de Trabajadores es limitada a presentaciones judiciales o parlamentarias, sin organizar un paro y un verdadero plan de lucha nacional para derrotar la reforma laboral.

Uno de los elementos más perversos de las medidas que propone el gobierno es el intento de cercenar los derechos de huelga y organización que han conquistado los trabajadores durante décadas. No es casualidad. Es la protesta la que ha permitido conseguir los derechos que tienen, la que permitió defenderlos.
 

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