Jennyselt Galata, «una maestra que respeta y se inclina por la tradición»
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La bailarina y coreógrafa Jennyselt Galata está encantada de regresar al Festival de la Salsa en Cuba, que celebrará su primera década en febrero de 2026:
«Para mí es volver a reencontrarme con la música popular bailable y con el pueblo, porque de esta manera, reuniendo a tantos en un solo lugar, tanto público como orquestas, tenemos la oportunidad de disfrutar juntos. Para mí es una bendición, la cual le agradezco infinitamente a Maykel Blanco, por siempre contar con mi presencia. Esta edición es algo especial, porque ya son 10 años y, con todo lo que estamos afrontando, creo que es una manera de ponerle un poco de alegría a la vida».
Desde ya, deja la invitación para sumarse a las habituales lecciones de bailes cubanos y asegura que «los asistentes a esta edición, como siempre, pueden esperar la pasión, el corazón y las ganas que siempre la Galata pone en sus clases. Esta vez venimos con nuevas motivaciones y nuevas manifestaciones danzarías, pues lo más importante y la satisfacción más grande que puede tener un maestro es ser valorado, respetado y seguido por sus estudiantes. Esa es la clave para llegar al éxito, y es lo que hace que vuelva al Festival».
Y precisamente sobre las claves de su innegable éxito como profesora en años anteriores, consideró: «además de mi carácter jovial, además del conocimiento que pueda haber adquirido a lo largo de mi carrera y de mi vida, yo creo que la autenticidad de ser una maestra que respeta y se inclina por la tradición, aunque no deja ni quita la evolución.
«El pueblo es quien realmente nos pone en el lugar que tenemos. Sin ese público que nos aplaude, que nos mira, que nos da un lugar en su corazón, no seríamos nadie ninguno de nosotros, y el Festival, precisamente, nos conecta a todos: orquestas, bailadores, profesores, público».
Para una mujer que ha estado en los más variados escenarios, el Festival de la Salsa tiene un atractivo especial: «compartir con colegas que defendemos nuestro folclor y nuestra música popular es una bendición, porque, para mi suerte, muchos de los que participan han sido mis alumnos, han pasado por mis manos en la Escuela Nacional de Arte, entonces, es una bendición que a lo largo de la vida, después de ser maestra, te pares al lado de tus hijos, porque yo les llamo hijos a todos esos que, a lo largo de la vida, he tenido que ver con su desarrollo artístico y, de verdad, es algo que me hace ser yo misma, reencontrarme y ser feliz de disfrutar con ellos».












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