La vida en versos: Ítaca o La Habana (en su NO cumpleaños)
especiales

Es lunes, suena el despertador del móvil y una muchacha se despierta diez minutos después, ya no hay tiempo para el café, debe emprender, otra vez, el viaje a Ítaca.
Va en botella, todavía son aquellos tiempos en que te parabas en el viaducto de Matanzas y, sin gastar un peso, conseguías ver el Morro antes de las 8:00 de la mañana, conseguías incluso llegar a la Facultad para el primer turno.
No va sola, además de sus preguntas y sus esperanzas, la acompaña una amiga, o dos, igualmente dispuestas a conquistar La Habana de sus sueños.
Pasarán los años y con ellos la vida, pero ella volverá una y otra vez sobre el camino largo, insistirá, se va a enamorar perdidamente de la ciudad donde aprendió qué significan las Ítacas.
La Habana ha sido ese viaje para cientos de muchachas como ella y muchachos, los ha hecho llorar y reír, les ha enseñado a vivir fuera del nido cómodo, seguro, les ha vendido souvenires y les ha regalado el más hermoso de los viajes: crecer.
Ítaca
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.
Autor: Konstantino Kavafis












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