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En la Habana, incluso en Matanzas, es natural que pase, por una serie de condiciones, demográficas, sociopolíticas e incluso sicológicas. Vea como en las redes como hay irresponsables pidiendo "cierres" de algunos lugares y "aperturas" de otros, relacionando con la no ocurrencia de revelación de casos nuevos en un periodo de tiempo X o con la gran cantidad de estos en los últimos días. Esto ha demostrado con creces que no nos podemos confiar. Es la cruda realidad, no una consigna. Nadie puede estar seguro de no tenerlo, de que no lo tiene quien está más próximo o que no se va a contagiar; y esto no es paranoia. Hay que seguir estrictamente los consejos de aislamiento, higiene y protección. Al contrario, vemos que cada día se incrementan las irresponsabilidades. Otra cosa, no pienso que, cuando logremos vencer la pandemia, desaparezcan las colas mayestáticas, kilométricas, hiperquinéticas, desequilibrantes y todas sus peculiaridades. No es el desabastecimiento, ni siquiera la sensación de pánico que crea el fantasma de que hay que comprar lo que dicen que va a venir, si llega, pues no se sabe cuándo volverá. Es que hay gente viviendo de eso, y no me refiero solo a los especuladores y coleros. Quien ha sufrido tantas colas en un día para alcanzar tres productos y tener la sensación de que, si no lo mata el coronavirus, el stress tiene un buen lugar en la cola, me dará la razón.
energetico@blauvaradero.tur.cu
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