Trump, macartista

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Trump, macartista
Fecha de publicación: 
31 Mayo 2020
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Cuando Donald Trump acusó de macartistas a quienes trataron inútilmente de deponerlo como presidente, por su intento de desprestigiar a su principal contendor demócrata a la presidencia, Joe Biden, y sus presiones al gobierno de Ucrania en ese asunto, estaba burlándose de sus detractores, porque desde que asumió el poder ha estado relacionado con los más disímiles intentos de coartar la libertad de expresión, además de acusar de comunista a quienes le molestan, como hizo con el senador Bernie Sanders, el más progresista de los candidatos que se le opusieron.

Muestra de ellos es el desprecio a la prensa que concurre regularmente a la Casablanca, cuando le preguntan algo que lo saca de quicio, con expresiones tales que sólo son superadas en lo soez por su fiel alumno Bolsonaro en igual situación.

Los malos manejos de Trump que causaron la expansión de la epidemia del coronavirus Covid-19 y sus acusaciones de que detrás de esto está China y su virus “comunista”, así como dar carta blanca a los grupos supremacistas que tratan de mantenerlo a toda costa en la cúspide, son parte del entramado del que quiere sacar ganancia y borrar la lógica desventaja que tiene en estos momentos en el camino de la reelección presidencial.

Si Trump hubiera vivido en la época de Joseph MaCarthy no habría que adivinar mucho para saber en qué bando se situaría y, quizás, ladinamente, hubiera dado un paso al costado, cuando el furibundo senador anticomunista cayó en desgracia, por sus propios desatinos y odio ciego.

Fue en la década de los 50 cuando se acuñó la palabra “macartismo” como sinónimo de persecución por ideas o por asociación con ideas, cuando el Congreso de Estados Unidos formó “Comités de Actividades Antiestadunidenses” sobre la base que pensar como socialista o comunista era lo mismo que ser enemigo de su país.

McCarthy denunció la existencia de una conspiración comunista en contra de Estados Unidos, infiltrada en muy diversos sectores del país, entre otros, nada menos que en el seno del Departamento de Estado, con lo que se puso en marcha la “caza de brujas”, que alcanzó a militares, empleados públicos, directores de cine, guionistas, artistas, escritores como Bertolt Brecht —quien tuvo que huir a Europa—, y otros muchos ciudadanos procedentes de diferentes sectores que se vieron afectados. Hollywood fue especialmente castigado. Las herramientas más utilizadas, y las más eficaces, fueron el espionaje y la delación basada por lo regular en pruebas subjetivas que alcanzaron niveles de veracidad insospechados.

En lugar de tener que demostrar los delatores la culpabilidad de los acusados, prevaleció el principio de que los delatados tenían que demostrar su inocencia; es decir, desapareció el principio jurídico de la presunción de inocencia. Exactamente como había ocurrido en la Inquisición española e idéntico procedimiento al utilizado por todas las dictaduras del mundo. 

Las acusaciones fueron de lo más insólito y de lo más dañinas, alcanzando a personajes de gran relieve social y político. Se dejaron oír voces como la de Arthur Miller con su “Las brujas de Salem” o la del periodista Edward R. Murrow, defendiendo la libertad de expresión hasta que, finalmente, lograron neutralizar al senador McCarthy y su funesta “caza de brujas”.

Brote que resurge

Señalamos como la actitud de Trump hace que esa época resurja de nuevo, en diferente forma.

Pero Trump, subrayo, se hace la víctima de un macartismo que sólo subsiste en su interior, con el fin de lavar su imagen que, lamentablemente, sigue siendo seguida por elementos que lo pudieran perpetuar en la presidencia, a pesar de recientes encuestas que le son desfavorables.

Sin embargo, continúan manifestándose preocupantes síntomas de gobierno que demuestran que Estados Unidos no tiene liderazgo alguno, como afirma, en materia de democracia y libertad. Bajo el amparo de la Ley Patriota se viene aplicando una política de miedo y discriminación contra destacados pensadores.

Uno de los casos de persecución ideológica se produjo contra el académico Tariq Ramadan, experto en historia y literatura del islam.  quien debía presidir una cátedra sobre el tema en la University of Notre Dame. La excusa que dio el Departamento de Estado fue una contribución que hizo para una organización palestina, "sospechosa" de terrorismo.

Son pretextos absurdos que recuerdan los más vergonzosos tiempos de un macartismo nada superado y que en su momento agredió a escritores de la talla de Graham Greene, Pablo Neruda y Gabriel García Márquez.

Ésta es una nueva cacería de brujas que afecta el diálogo constructivo y positivo que debería estimularse con sectores cultos y moderados del Medio Oriente, y, en este contexto, la actual administración estadounidense impide que muchos norteamericanos tengan derecho a conocer en profundidad cuáles son las raíces culturales, políticas y religiosas que han definido el mapa moderno de esa conflictiva región y su ambivalente relación con Occidente.

El peor error estratégico que ha cometido la diplomacia estadounidense es tenerle miedo a la controversia y la pluralidad de posiciones sobre los conflictos modernos. Para salir del pantano de Iraq o avanzar en el camino de una eventual negociación sobre la integridad territorial de Palestina, el grupo gobernante actual tenía que atreverse a polemizar y negociar precisamente con quienes no utilizan el fanatismo ni la violencia para expresar sus intereses.

Pero los hechos recientes demuestran todo lo contario de lo que debía hacerse, al caer en la arbitrariedad totalitaria, porque no puede ganar en el terreno de la ideología y, en ese sentido, el papel de Trump, como buen macartista ha sido vergonzante.

Por eso, en un terreno como el estadounidense, no es de extrañar que, con todo tipo de engaños pueda hacer que el pretexto de una futura bonanza predomine sobre los muchos infectados y muertos por la pandemia, cuestión que, en una nación como EE.UU., donde se vota por el bolsillo y los privilegiados de siempre tienen el mayor control, pudiera suceder lo peor.

Comentarios

Presidente de los EE.UU. Solamente quiero que sepas que eres desagradable y mentiroso, perro faldero, terrorista asesino. Debate de burlas y mira tu defecto con esa cara de anormal que tienes.
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